Pues fue una visión y una previsión: -
¿qué
vi
yo
entonces en símbolo? ¿Y
quién
es el
que algún día tiene que venir aún?
287
¿Quién
es el pastor a quien la serpiente se le introdujo en la garganta?
¿Quién
es el
hombre a quien todas las cosas más pesadas, más negras, se le introducirán así en la gar-
ganta?
- Pero el pastor mordió, tal como se lo aconsejó mi grito; ¡dio un buen mordisco! Lejos
de sí escupió la cabeza de la serpiente -: y se puso en pie de un salto
288
. -
Ya no pastor, ya no hombre, - ¡un transfigurado, iluminado, que
reía!
¡Nunca antes en
la tierra había reído hombre alguno como
él
rió!
Oh hermanos míos, oí una risa que no era risa de hombre, - - y ahora me devora una
sed, un anhelo que nunca se aplaca.
Mi anhelo de esa risa me devora: ¡oh, cómo soporto el vivir aún! ¡Y cómo soportaría el
morir ahora! -
Así habló Zaratustra.
280
Otro título para este apartado, anotado por Nietzsche en sus manuscritos, fue
La visión del más solita-
rio de los hombres.
Es la primera exposición de la idea del eterno retorno.
281
La descripción del ascenso de Zaratustra por el sendero pedregoso, llevando sobre sus hombros «el
espíritu de la pesadez», guarda un extraordinario parecido con lo que, según
Las mil y una noches,
le ocu-
rrió a Sindbad el marino en el quinto de sus viajes: también Sindbad carga sobre sus hombros a un anciano
que luego se niega a bajar de allí y martiriza a su portador. Sindbad se libera de él emborrachándolo.
282
Reminiscencia de Hamlet, I, 5
(palabras de la Sombra a Hamlet): «Durmiendo, pues, en mi jardín se-
gún mi costumbre, después del mediodía, en esa hora de quietud, entró tu tío furtiva mente con un pomo de
maldito veneno en las manos y lo vertió en mi oído».
283
En la cuarta parte,
La canción del noctámbulo,
1,
«el más feo de los hombres» repitirá esta frase. Or-
tega puso estas palabras como
motto
al frente del apartado VII (titulado «Las valoraciones de la vida») de
su obra
El tema de nuestro tiempo (Obras Completas,
volumen III).
284
Una vivencia profundamente grabada en Nietzsche fue la del traslado de su familia, tras la muerte de
su padre, desde Röcken, donde Nietzsche había nacido, a Naumburgo. El traslado se hizo un día de abril de
1850,
mucho antes del amanecer. Mientras los carros cargados esperaban en el patio, un perro empezó a
ladrar tristemente a la luna. Véase la descripción de esta escena en los escritos autobiográficos recogidos
por K. Schlechta en el tomo III de su edición de las
Obras
de Nietzsche
.
285
Una escena similar aparece en
Las mil y una noches
en el séptimo viaje de Sindbad el marino. En
Las
mil y una noches
es la serpiente la que «llevaba en la boca a un hombre, al que se había tragado hasta el
ombligo». Sindbad golpea la cabeza de la serpiente con su vara de oro y la serpiente vomita al hombre.
286
Recuérdese lo dicho en la nota 280
sobre el proyectado título de este capítulo.
287
«El que ha de venir», «el que viene detrás de mí» es expresión evangélica aplicada por Juan el Bautis-
ta a Jesús; véase
Evangelio de Mateo,
3, 11:
«El que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y yo no me-
rezco ni quitarle las sandalias».
288
Véase, en esta tercera parte,
El convaleciente,
2.
De la bienaventuranza no querida
289
Con tales enigmas y amarguras en el corazón cruzó Zaratustra el mar. Mas cuando es-
tuvo a cuatro días de viaje de las islas afortunadas y de sus amigos, había superado todo
su dolor -: victorioso y con pies firmes se hallaba erguido de nuevo sobre su destino. Y
entonces Zaratustra habló así a su conciencia jubilosa:
Solo estoy de nuevo, y quiero estarlo, solo con el cielo puro y el mar libre; y de nuevo
me rodea la tarde.
En una tarde encontré por vez primera en otro tiempo a mis amigos, en una tarde tam-
bién la vez segunda
290
: - en la hora en que toda luz se vuelve más silenciosa.