investigación metódica, el genio de la organización y de la
administración, la creencia y la voluntad de un porvenir para el hombre,
el gran si a todas las cosas visibles en calidad de imperium romanum
visible a todos los sentidos, el gran estilo que no era ya simplemente
arte, sino que se había convertido en realidad, caridad, vida..., y no
sepultado en veinticuatro horas en virtud de un fenómeno natural! ¡No
destruido por los germanos y otros pueblos groseros, sino arruinado por
vampiros astutos, escondidos, invisibles, enemigos! No vencido, sino
chupado... ¡La oculta sed de venganza, la pequeña envidia elevada a
dueña! ¡Todo lo que es miserable, todo lo que sufre de si mismo, todo lo
que está animado de malos sentimientos, todo el mundo del ghetto que
brota de una vez del alma y sube a lo alto!
Léase cualquier agitador cristiano, por ejemplo, San Agustín, y se
comprenderá, se olerá que inmunda gente subió al poder. Nos
engañaríamos completamente si creyésemos que carecían de
entendimiento los jefes del movimiento cristiano: ¡Oh, eran hábiles,
hábiles hasta la santidad aquellos señores Padres de la Iglesia. Lo que
les faltaba era otra cosa muy distinta. La naturaleza los ha olvidado,
olvidó darles una modesta dote de instintos estimables, decorosos,
puros... Entre nosotros éstos no son ni siquiera hombres... Si el Islam
desprecia al cristianismo, tiene mil razones para ello: el Islam
presupone hombres...
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E! cristianismo nos robó la cosecha de la civilización antigua, y
más tarde nos robó la cosecha de la civilización del Islam. El maravilloso
mundo morisco de cultura, en España, que en el fondo nos es mucho
más afín y habla a nuestros sentidos y a nuestro gusto mucho más que
Roma y Grecia, fue pisoteado (no digo por qué pies). ¿Por qué? Porque
era noble, porque debió su nacimiento a instintos viriles, porque
afirmaba la vid con los más raros y preciosos refinamientos de las
costumbres moriscas...
Más tarde los cruzados combatieron una cosa ante la cual les
hubiera sido mejor postrarse en el polvo, una civilización frente a la cual
hasta nuestro siglo XIX puede aparecer muy pobre, muy tardío.
Ciertamente, los cruzados querían hacer botín: el Oriente era rico...
Despojémonos de prejuicios: los cruzados fueron la más alta piratería y
nada más. La nobleza alemana, en el fondo nobleza de vikingos, se
encontró en su elemento con las cruzadas; la Iglesia sabia harto bien de
que modo se podía ganar a la nobleza alemana... La nobleza alemana,
que fue siempre lo que fueron los suizos, los mercenarios para la
Iglesia, siempre al servicio de los malos instintos de la Iglesia, estaba,