Loretta le enjabonó la espalda, y luego se secaron mutuamente con las grandes toallas
de baño. Ella todavía trataba de decirle cómo debía enfocar la situación en la emisora.
Sabía que algo iba mal y, como solía hacer, le sondeaba, intentando comprender y
ayudar.
Miríadas de órbitas más tarde, cuando los verdaderos humanos se extendían por un
mundo sometido al rigor de una era glacial, el planeta negro se presentó de nuevo.
Ahora el cometa era más grande. Había crecido copo a copo aislado de nieve, a lo
largo de mil millones de años, hasta medir siete kilómetros de un lado a otro. Pero ahora
su superficie bullía en un baño de calor infrarrojo. Dentro de las capas del cometa, bolsas
de hidrógeno y helio se vaporizaban y rezumaban a través de la corteza. El pequeño sol
fue eclipsado. El disco negro cubrió un tercio del cielo, dejando escapar el calor de su
nacimiento.
Luego pasó y retornó la calma.
El cometa se había recuperado de su paso anterior. ¿Qué son los siglos y milenios en
el halo de los cometas? Pero el tiempo había llegado por fin a este cometa. El gigante
negro lo había detenido al pasar por su órbita.
Lentamente, impulsado por el débil tirón de la gravedad solar, empezó a caer hacia el
torbellino.
FEBRERO: DOS
Parece que los planetas interiores fueron bombardeados sin cesar desde su formación.
Marte, Mercurio y la luna de la Tierra han sido golpeados repetidas veces por objetos
cuyo tamaño varía desde los micrometeoritos a lo que
fuera lo que fuese
chocó con
la Luna y creó la gran depresión de lava llamada Oceanus Procellarum.
Aunque en principio se pensó que Marte, dado que estaba en el borde del cinturón de
asteroides, experimentó una tasa mayor de bombardeo meteórico, el examen de Mercurio
indica que Marte no es excepcional, y los planetas interiores tienen aproximadamente las
mismas posibilidades de ser golpeados...
Mariner.
Informe preliminar
El rebosaba material del equipo: cámaras, magnetófonos, luces, reflectores y
acumuladores, todos los objetos propios de una unidad móvil de televisión. El cámara
Charlie Bascomb estaba en el fondo, con el técnico de sonido Manuel Arguilez. Todo era
normal, excepto que Mark Czescu se hallaba en el asiento delantero cuando Harvey salió
de las oficinas de la NBS.
Harvey hizo una seña a Mark, y éste le siguió. Se dirigieron hacia el lugar del
aparcamiento del estudio, donde dejaban sus coches los ejecutivos de la compañía.
—Mira —dijo Harvey— tu trabajo recibe el nombre de ayudante de dirección. Eso, en
teoría, te sitúa entre el personal directivo.
—De acuerdo —convino Mark.
—Pero no eres un directivo, sino el que maneja la claqueta.
—Soy un hippie —puntualizó Mark, visiblemente herido.
—No te enfades ni te pongas de malhumor. Compréndelo. Hace mucho tiempo que el
equipo está conmigo. Conocen el juego. Tú no.
—Lo sé perfectamente.
—Muy bien. Puedes ser de gran ayuda. Sólo debes recordar una cosa. Lo que no
necesitamos es...
—Es decir a todo el mundo cómo debe hacer su trabajo. —Sonrió de oreja a oreja—.
Me gusta trabajar para ti. No lo estropearé.
—Estupendo.