El plan B era oficialmente una medida de emergencia, pero todos los planificadores de
la misión norteamericana habían predicho en privado que sería necesario. En Estados
Unidos los entrenamientos se llevaban a cabo como si el plan B fuera el modo normal de
operación. Confiaban en que no sería necesario al cruzar el Atlántico, pero de todos
modos lo habían tenido en cuenta al efectuar la planificación. El plan B era muy simple: El
Soyuz se estabilizaba por sí mismo, y el monstruo formado por la cápsula Apolo y el
laboratorio del Martillo maniobraba hacia él.
Delanty pilotaba una nave espacial y, a la vez, una lata enorme y maciza. Era como si
un portaaviones tratara de maniobrar para recibir adecuadamente a un avión en
descenso. Pero también disponía del sistema electrónico más complejo del mundo,
toberas de dirección minuciosamente fabricadas por un personal especializado con
millares de horas de experiencia e instrumentos producidos en una docena de
laboratorios acostumbrados a confeccionar material de precisión.
—Houston, Houston, plan B en marcha —informó Baker.
Rick Delanty pensó que ahora el mundo entero estaría mirándole, o escuchando. Y si
se equivocaba...
Aquello era impensable.
—Tranquilo —dijo Baker.
Pero era evidente que él tampoco lo estaba. Había llegado el momento. Igual que en el
simulador.
Un impulso directo, la verificación un instante antes de establecer el contacto, y una
débil propulsión de los reactores para unir las dos naves. De nuevo la sensación
mecánica de contacto y, simultáneamente las luces verdes en el tablero de mandos.
—Asegúralo —dijo Rick.
—Soyuz, estamos ensamblados, aseguren la sonda de unión —pidió Baker.
—Apolo, afirmativo. Estamos ensamblados.
—El que entre el último es un tarugo —dijo Baker.
Se estrecharon formalmente las manos, mientras flotaban dentro de la gran lata. En
tierra, los comentaristas hablarían de una ocasión histórica, pero a Baker no se le ocurrían
palabras históricas para pronunciarlas en aquel momento.
Había demasiadas cosas que hacer. Aquello no era un espectacular apretón de manos
en el espacio, como la primera vez que se ensamblaron un Apolo y un Soyuz, sino que
era una misión de trabajo, con un programa peligroso que probablemente no podrían
realizar en su integridad, ni siquiera con suerte...
Y sin embargo... Baker sintió deseos de reír. Lo habría hecho si ello no hubiera
requerido tantas explicaciones. Se habría reído ante el fantástico aspecto de los cuatro y
la certidumbre de que no había nadie como ellos en el mundo. Leonilla Alexandrovna
Malik poseía una misteriosa belleza. Tenía tal dominio de sí misma que podría haber
representado el papel de una zarina, pero sus músculos suaves y duros habrían sido más
adecuados para el de primera bailarina. Era una mujer fría y encantadora.
Johnny Baker pensó que era indiferente, pero secretamente vulnerable, y se preguntó
si era tan fríamente cortés con todo el mundo como lo era con el brigadier Jakov.
El brigadier Pieter Ivanovitch Jakov era Héroe del Pueblo, pero Baker no sabía de qué
clase. Era el hombre perfecto para ilustrar un cartel de propaganda solicitando el
alistamiento. Apuesto, con una buena musculatura y mirada fría, se parecía mucho al
mismo Johnny Baker, lo cual no era más sorprendente que el parecido superficial de Rick
Delanty con Muhammad Ali.
Eran cuatro especímenes en plena madurez, llenos de una salud atlética. Lástima que
aquel tipo de la NBS, Randall, no estuviera allí para hacerles un retrato de grupo. Pero
Blas tarde o más temprano se lo haría.
La falta de gravedad les hacía flotar e impedía que estuvieran en la posición normal de
unas personas que se encuentran y sostienen una conversación. Iban de un lado a Otro