la revista «Granjero y Ganadero» encontrados en la casa y estaba lleno de planes para realizar
innovaciones y mejoras. Hablaba como un erudito, de zanjas de desagüe, ensilados y abonos
básicos, y había elaborado un complicado sistema para que todos los animales dejaran caer su
estiércol directamente sobre los campos, y cada día en un lugar distinto, con objeto de ahorrar
el trabajo de transportarlo. Napoleón no presentó ningún plan propio, pero decía
tranquilamente que los de Snowball se quedarían en nada y su actitud era la del que parece
esperar algo. Pero de todas sus controversias, ninguna fue tan enconada como la que tuvo lugar
respecto al molino de viento.
En la larga pradera, cerca de los edificios, había una pequeña loma que era el punto más
alto de la granja. Después de estudiar el terreno, Snowball declaró que aquél era el lugar
indicado para un molino de viento, con el cual se podía hacer funcionar una dinamo y
suministrar electricidad para la granja. Ésta daría luz para las cuadras de los animales y las
calentaría en invierno, y también haría funcionar una sierra circular, una desgranadora, una
cortadora, una ordeñadora eléctrica, etc. Los animales nunca habían oído hablar de esas cosas
(porque la granja era anticuada y contaba con la maquinaria más primitiva), y escuchaban
asombrados a Snowball mientras éste les describía cuadros de maquinarias fantásticas que
trabajarían por ellos, mientras pastaban tranquilamente en los campos o perfeccionaban sus
mentes mediante la lectura y la conversación.
En pocas semanas los planos de Snowball para el molino de viento estaban
completados. Los detalles técnicos provenían principalmente de tres libros que habían
pertenecido al señor Jones: «Mil cosas útiles que realizar en la casa», «Cada hombre puede ser
su albañil» y «Electricidad para principiantes». Como estudio, utilizó Snowball un cobertizo
que en un tiempo se había usado para incubadoras y tenía un suelo liso de madera, apropiado
para dibujar. Se encerraba en él durante horas enteras. Mantenía sus libros abiertos gracias a
una piedra y, empuñando un pedazo de tiza, se movía rápidamente de un lado a otro, dibujando
línea tras línea y profiriendo pequeños chillidos de entusiasmo. Gradualmente sus planos se
transformaron en una masa complicada de manivelas y engranajes que cubrían más de la mitad
del suelo, y que los demás animales encontraron completamente indescifrable, pero muy
impresionante. Todos iban a mirar los planos de Snowball por lo menos una vez al día. Hasta
las gallinas y los patos lo hicieron y tuvieron sumo cuidado de no pisar los trazos hechos con
tiza. Únicamente Napoleón se mantenía a distancia. Él se había declarado en contra del molino
de viento desde el principio. Un día, sin embargo, llegó en forma inesperada con el propósito de
examinar los planos. Caminó pesadamente por allí, observó con cuidado cada detalle, y hasta
olfateó en una o dos oportunidades; después se paró un rato, mientras los contemplaba de reojo;
luego, repentinamente, levantó la pata, hizo aguas menores sobre los planos y se alejó sin decir
palabra.
Toda la granja estaba muy dividida en el asunto del molino de viento. Snowball no
negaba que la construcción significaría un trabajo difícil. Tendrían que extraer piedras de la
cantera y con ellas levantar paredes, luego construir las aspas y después de todo eso, necesitarían
dinamos y cables (de qué modo se obtendrían esas cosas, Snowball no lo decía). Pero sostenía
que todo podría hacerse en un año. Y en adelante, declaró, se ahorraría tanto trabajo, que los
animales sólo tendrían tres días laborables por semana. Napoleón, por el contrario, sostenía que
la gran necesidad del momento era aumentar la producción de comestibles, y que si perdían el
tiempo con el molino de viento, se morirían todos de hambre. Los animales se agruparon en dos
facciones bajo los lemas: «Vote por Snowball y la semana de tres días» y «Vote por Napoleón y
el pesebre lleno». Benjamín era el único animal que no se alistó en ninguno de los dos bandos.