Aun así, fue necesario dejar varias tareas sin hacer. La cosecha fue algo menos abundante que el
año anterior, y dos parcelas que debían haberse sembrado con nabos, a principios del verano, no
lo fueron porque no se terminaron de arar a tiempo. Era fácil prever que el invierno siguiente
sería duro.
El molino de viento presentó dificultades inesperadas. Había una buena cantera de piedra
caliza en la granja, y se encontró bastante arena y cemento en una de las dependencias, de modo
que tenían a mano todos los materiales necesarios para la construcción. Pero el problema, que no
pudieron resolver al principio los animales, fue el de cómo partir la piedra en pedazos de tamaño
apropiado. Aparentemente no había forma de hacerlo, excepto con picos y palancas de hierro,
que no podían usar, porque ningún animal estaba en condiciones de sostenerse sobre sus patas
traseras. Después de varias semanas de esfuerzos inútiles, se le ocurrió a uno la idea adecuada, a
saber: utilizar la fuerza de la gravedad. Inmensas piedras, demasiado grandes para usarlas tal
como estaban, se encontraban por todas partes en el fondo de la cantera. Los animales las
amarraban con sogas, y luego todos juntos, vacas, caballos, ovejas, cualquiera que pudiera tirar
de la soga —hasta los cerdos a veces colaboraban en los momentos críticos— las arrastraban con
una lentitud desesperante por la ladera hasta la cumbre de la cantera, desde donde las dejaban
caer por el borde, para que se rompieran en pedazos al chocar con el fondo. El trabajo de
transportar la piedra una vez partida era relativamente sencillo. Los caballos llevaban los
trozos en carretas, las ovejas las arrastraban una a una, y hasta Muriel y Benjamín, tirando de
un viejo sulky, hacían su parte. A fines de verano habían acumulado una buena provisión de
piedra, y fue entonces cuando se inició la construcción del molino, bajo la supervisión de los
cerdos.
Era un proceso lento y laborioso. Frecuentemente les ocupaba un día entero de esfuerzo
agotador, arrastrar una sola piedra hasta la cumbre de la cantera, y a veces, cuando la tiraban
por el precipicio, no se rompía. No hubieran podido lograr nada sin Boxer, cuya fuerza parecía
igualar a la de todos los demás animales juntos. Cuando la piedra empezaba a resbalar y los
animales gritaban desesperados al verse arrastrados por la ladera hacia abajo, era siempre
Boxer el que tirando de la soga como un forzado, lograba detener la piedra. Verlo arrastrando
hacia arriba por la pendiente, pulgada tras pulgada, jadeante, clavando las puntas de sus cascos
en la tierra, y sus enormes flancos sudorosos, llenaba a todos de admiración. Clover a veces le
advertía que tuviera cuidado y no se esforzara demasiado, pero Boxer jamás le hacía caso. Sus
dos lemas: «Trabajaré más fuerte» y «Napoleón siempre tiene razón», le parecían respuesta
satisfactoria para todos los problemas. Se había puesto de acuerdo con el gallo para que éste lo
despertara por la mañana tres cuartos de hora más temprano, en vez de media hora. Y en sus
ratos libres, de los cuales disponía de muy pocos en esos días, se iba a la cantera, juntaba un
montón de pedazos de piedra y lo arrastraba por sí solo hasta el emplazamiento del molino.
Los animales no lo pasaron tan mal durante todo ese verano, a pesar de la dureza de su
trabajo. Si no disponían de más comida de la que habían dispuesto en los tiempos de Jones,
tampoco tenían menos. La ventaja de alimentarse a sí mismos y no tener que mantener también
a cinco seres humanos inútiles, era tan grande, que se habrían necesitado incontables fracasos
para perderla. Y en muchas situaciones, el método animal de hacer las cosas era más eficiente
que el humano y ahorraba trabajo. Algunas tareas, como por ejemplo extirpar la maleza, se
podían hacer con una eficacia imposible para los seres humanos. Y además, dado que ningún
animal robaba, no fue necesario hacer alambradas para separar los prados de la tierra
cultivable, lo que economizó mucho trabajo en la conservación de los setos y las vallas. Sin
embargo, a medida que avanzaba el verano, se empezó a sentir la escasez imprevista de varias