—¡No hay tiempo que perder, camaradas! —gritó Napoleón una vez examinadas las
huellas—. Hay mucho trabajo que realizar. Esta misma mañana comenzaremos a rehacer el
molino y lo reconstruiremos durante todo el invierno, haga lluvia o buen tiempo. Le enseñaremos
a ese miserable traidor que él no puede deshacer nuestro trabajo tan fácilmente. Recordad, cama-
radas; no debe haber ninguna alteración en nuestros planes, que serán llevados a cabo sea como
sea. ¡Adelante, camaradas! ¡Viva el molino de viento! ¡Viva «Granja Animal»!
VII
Se presentó un invierno crudo. El tiempo tormentoso fue seguido de granizo y nieve y
luego por una fuerte helada que duró hasta mediados de febrero. Los animales se las arreglaron
como pudieron para la reconstrucción del molino, pues bien sabían que el mundo exterior los es-
taba vigilando y que los envidiosos seres humanos se regocijarían y triunfarían sobre ellos, si no
terminaban la obra a tiempo.
Rencorosos, los humanos fingieron no creer que fue Snowball quien había destruido el
molino; afirmaron que se derrumbó porque las paredes eran demasiado delgadas. Los animales
sabían que eso no era cierto. A pesar de ello, decidieron construir las paredes de un metro de
espesor en lugar de medio metro como antes, lo que implicaba reunir una cantidad mucho mayor
de piedras. Durante largo tiempo la cantera estuvo totalmente cubierta por una capa de nieve y
no se pudo hacer nada. Se progresó algo durante el período seco y frío que vino después, pero era
una labor cruel y los animales no se sentían optimistas como la vez anterior. Siempre tenían frío
y en muchas ocasiones, hambre. Únicamente Boxer y Clover jamás perdieron el ánimo. Squealer
pronunció discursos magníficos referentes al orgullo del servicio prestado y la dignidad del
trabajo, pero los otros animales encontraron más inspiración en la fuerza de Boxer y en su
infalible grito: «¡Trabajaré más!».
En enero escaseó la comida. La ración de maíz fue reducida drásticamente y se anunció
que, en compensación, se iba a otorgar una ración suplementaria de patatas. Pero luego se
descubrió que la mayor parte de la cosecha de patatas se heló por no haber sido protegida
suficientemente. Los tubérculos se habían ablandado y descolorido, y muy pocos eran
comestibles. Durante días enteros los animales no tenían con que alimentarse, excepto paja y
remolacha. El espectro del hambre parecía mirarlos cara a cara.
Era totalmente necesario ocultar eso al mundo exterior. Alentados por el derrumbamiento
del molino, los seres humanos estaban inventando nuevas mentiras respecto a «Granja Animal».
Nuevamente se propagaba que todos los animales se estaban muriendo de hambre y
enfermedades, que se peleaban continuamente entre sí y habían caído en el canibalismo y el
infanticidio. Napoleón conocía bien las desastrosas consecuencias que acarrearía el
descubrimiento de la verdadera situación alimenticia, y decidió utilizar al señor Whymper para
difundir una impresión contraria. Hasta entonces los animales tuvieron poco o ningún contacto
con Whymper en sus visitas semanales; ahora, sin embargo, unas cuantas bestias seleccionadas,
en su mayor parte ovejas, fueron instruidas para que comentaran casualmente, al alcance de su
oído, que las raciones habían sido aumentadas. Además, Napoleón ordenó que se llenaran con
arena hasta el tope, los depósitos casi vacíos de los cobertizos y que luego fueran cubiertos con
lo que aún quedaba de cereales y forrajes. Mediante un pretexto adecuado, Whymper fue
conducido a través de esos cobertizos permitiéndosele echar un vistazo a los depósitos. Se
consiguió engañarle y continuó informando al mundo exterior que no había escasez de alimentos
en «Granja Animal».