deslizó dentro de sus establos y las ordeñó mientras dormían. También se dijo que los ratones,
que molestaron bastante aquel invierno, estaban en connivencia con Snowball.
Napoleón dispuso que se hiciera una amplia investigación de las actividades de Snowball.
Con su séquito de perros salió de inspección por los edificios de la granja, siguiéndole los demás
animales a prudente distancia. Cada equis pasos, Napoleón se paraba y olía el suelo buscando
rastros de las pisadas de Snowball,_ las que, según dijo él, podía reconocer por el olfato. Estuvo
olfateando en todos los rincones, en el granero, en el establo de las vacas, en los gallineros, en el
huerto de las legumbres y encontró rastros de Snowball por casi todos lados. Pegando el hocico
al suelo, husmeaba profundamente varias veces, y exclamaba con terrible voz: «¡Snowball! ¡Él
ha estado aquí! ¡Lo huelo perfectamente! », y al oír la palabra «Snowball» todos los perros de-
jaban oír unos gruñidos horribles y enseñaban sus colmillos.
Los animales estaban completamente asustados. Les parecía que Snowball era una
especie de maleficio invisible que infestaba el aire respirable y les amenazaba con toda clase de
peligros. Al anochecer, Squealer los reunió a todos, y con el rostro alterado les anunció que tenía
noticias serias que comunicarles.
—¡Camaradas —gritó Squealer, dando unos saltitos nerviosos—, se ha descubierto algo
terrible! ¡Snowball se ha vendido a Frederick, el de la «Granja Pinchfield», y en este momento
debe de estar conspirando para atacarnos y quitarnos nuestra granja! Snowball hará de guía
cuando comience el ataque. Pero hay algo peor aún. Nosotros habíamos creído que la rebelión de
Snowball fue motivada simplemente por su vanidad y ambición. Pero estábamos equivocados,
camaradas. ¿Sabéis cuál era la verdadera razón? ¡Snowball estaba de acuerdo con Jones desde
el mismo comienzo! Fue agente secreto de Jones desde siempre. Esto ha sido comprobado por
documentos que dejó abandonados y que ahora hemos descubierto. Para mí esto explica
muchas cosas, camaradas: ¿no hemos visto nosotros mismos cómo él intentó, afortunadamente
sin éxito, provocar nuestra derrota y aniquilamiento en la «Batalla del Establo de las Vacas»?
Los animales quedaron estupefactos. Aquello era una maldad mucho mayor que la
destrucción del molino. Pero tardaron varios minutos en comprender su significado. Todos
ellos recordaron, o creyeron recordar, cómo habían visto a Snowball encabezando el ataque en
la «Batalla del Establo de las Vacas», cómo él los había reunido y alentado en cada revés, y
cómo no vaciló un solo instante, aunque los perdigones de la escopeta de Jones le hirieron en
el lomo. Al principio resultó un poco difícil entender cómo todo esto se compaginaba con el
hecho de estar él de parte de Jones. Hasta Boxer, que rara vez hacía preguntas, estaba perplejo.
Se acostó, acomodó sus patas delanteras debajo de su pecho, cerró los ojos, y con gran
esfuerzo logró hilvanar sus pensamientos.
—Yo no creo eso —dijo—, Snowball peleó valientemente en la «Batalla del Establo de
las Vacas». Yo mismo lo vi. ¿Acaso no le otorgamos inmediatamente después el «Héroe
Animal de Primer Grado»?
—Ése fue nuestro error, camarada. Porque ahora sabemos —figura todo escrito en los
documentos secretos que hemos encontrado— que en realidad, él nos arrastraba hacia nuestra
perdición.
—Pero estaba herido —alegó Boxer—. Todos lo vimos sangrando.
—¡Eso era parte del acuerdo! —gritó Squealer—. El tiro de Jones solamente lo rozó.
Yo os podría demostrar esto, que está escrito de su puño y letra, si vosotros pudierais
leerlo. El plan era que Snowball, en el momento crítico, diera la señal para la fuga dejando el
campo en poder del enemigo. Y casi lo consigue: diré más, camaradas: lo hubiera logrado a no
ser por nuestro heroico Líder, el camarada Napoleón. ¿Recordáis cómo, en el momento preciso