Napoleón aprobó este poema y lo hizo inscribir en la pared del granero principal, en el
extremo opuesto a los Siete Mandamientos. Sobre el mismo, había un retrato de Napoleón, de
perfil, pintado por Squealer con pintura blanca.
Mientras tanto, por intermedio de Whymper, Napoleón estaba ocupado en complicadas
negociaciones con Frederick y Pilkington. La pila de madera aún estaba sin vender. De los dos,
Frederick era el que estaba más ansioso por obtenerla, pero no quería ofrecer un precio
razonable. Al mismo tiempo corrían rumores insistentes de que Frederick y sus hombres estaban
conspirando para atacar «Granja Animal» y destruir el molino, cuya construcción había
provocado una envidia furiosa en él. Se sabía que Snowball aún estaba al acecho en la Granja
Pinchfield. A mediados del verano los animales se alarmaron al oír que tres gallinas confesaron
haber tramado, inspiradas por Snowball, un complot para asesinar a Napoleón. Fueron ejecutadas
inmediatamente y se tomaron nuevas precauciones para la seguridad del Líder. Cuatro perros
cuidaban su cama durante la noche, uno en cada esquina, y un joven cerdo llamado Pinkeye fue
designado para probar todos sus alimentos antes de que el Líder los comiera, por temor a que
estuvieran envenenados.
Más o menos en esa época, se divulgó que Napoleón había convenido en vender la pila
de madera al señor Pilkington; también había de celebrarse un convenio formal para el
intercambio de ciertos productos entre «Granja Animal» y Foxwood. Las relaciones entre
Napoleón y Pilkington, aunque conducidas únicamente por intermedio de Whymper, eran casi
amistosas. Los animales desconfiaban de Pilkington, como ser humano, pero preferían mucho
más a él que a Frederick, a quien temían y odiaban al mismo tiempo. Cuando estaba finalizando
el verano y la construcción del molino llegaba a su término, los rumores de un inminente ataque
a traición iban en aumento. Frederick, se decía, tenía intención de traer contra ellos a veinte
hombres, todos armados con escopetas, y ya había sobornado a los magistrados y a la policía
para que, en caso de que pudiera obtener los títulos de propiedad de «Granja Animal», aquellos
no indagaran. Además se filtraban de Pinchfield algunas historias terribles respecto a las
crueldades de que hacía objeto Frederick a los animales. Había azotado hasta la muerte a un
caballo; mataba de hambre a sus vacas, había acabado con un perro arrojándolo dentro de un
horno, se divertía de noche con riñas de gallos, atándoles pedazos de hojas de afeitar a los
espolones. La sangre les hervía de rabia a los animales cuando se enteraron de las cosas que se
hacía a sus camaradas y, algunas veces, clamaron para que se les permitiera salir y atacar en
masa la «Granja Pinchfield», echar a los seres humanos y liberar a los animales. Pero Squealer
les aconsejó que evitaran los actos precipitados y que confiaran en la estrategia de Napoleón.
Sin embargo, el resentimiento contra Frederick continuó en aumento. Un domingo por la
mañana Napoleón se presentó en el granero y explicó que en ningún momento había tenido
intención de vender la pila de madera a Frederick; él consideraba incompatible con su dignidad
tener trato con bribones de esa calaña. A las palomas, que aún eran enviadas para difundir
noticias referentes a la Rebelión, les fue prohibido pisar Foxwood y también fueron forzadas a
abandonar su lema anterior de «Muerte a la Humanidad» reemplazándolo por «Muerte a Frede-
rick». A fines de verano fue puesta al descubierto una nueva intriga de Snowball. Los campos
de trigo estaban llenos de malezas y se descubrió que, en una de sus visitas nocturnas,
Snowball mezcló semillas de cardos con las semillas de trigo. Un ganso, cómplice del complot,
había confesado su culpa a Squealer y se suicidó inmediatamente ingiriendo unas hierbas
tóxicas. Los animales se enteraron también de que Snowball nunca había —como muchos de
ellos habían creído hasta entonces— recibido la orden de « Héroe Animal de Primer Grado».
Era simplemente una leyenda difundida poco tiempo después de la «Batalla del Establo de las