naciones europeas eran sociedades injustas, explotadoras; que las leyes inglesas del siglo XIX
permitían el asesinato de los niños haciéndolos trabajar en las minas de carbón. El Estado no
modificó estas leyes hasta que los empresarios con visión de futuro descubrieron que no era
rentable destruir tan pronto la fuerza de trabajo.
De acuerdo con todo lo que se aprende en la escuela, la televisión y los periódicos
vivimos en un Estado democrático. ¿Cuál ha sido el momento histórico en el que el poder
pasó a manos de la mayoría? En todos los tiempos los ricos y poderosos han dicho a los
explotados y desposeídos que el suyo es un Estado justo. Durante toda la historia del Estado
los oprimidos han podido hablar a menudo de los opresores de las sociedades
precedentes
.
Pero la crítica a la sociedad del momento, en la que ellos vivían, siempre se ha castigado,
incluso con la muerte. Pues, la crítica a la sociedad conlleva necesariamente la crítica a los
gobernantes. Los señores no serían tales señores si no dominasen también los cerebros.
Un obrero que lleva bastante tiempo en paro le pregunta a otro si sabe qué es peor que
ser explotado. Ante el mutismo de éste responde: ¡Pues, no ser explotado! Doloroso sarcasmo.
A medida que aumenta la población y mejoran los métodos de producción crece
también la riqueza y se perfeccionan los aparatos ideados para su protección. Estos se hacen
mucho más complejos y resulta más difícil desentrañarlos. Los poderosos tienen que repartirse
el poder con más poderosos. Cada vez es mayor el número de factores que impiden que un
rico intervenga por sí solo en los asuntos del Estado. Los ricos tienen que tomar en cuenta
estos factores a fin de mantener la situación de injusticia. Las grandes disputas entre ellos
hacen peligrar su posición frente a los oprimidos, amenazan con romper el equilibrio social de
la explotación. Así es como adquiere cierta autonomía el aparato de protección de los ricos, el
Estado. No sólo tiene que proteger a los poderosos frente a la masa de desposeídos, sino que
también tiene que impedir que los ricos provoquen a las masas de pobres de tal manera que
éstos puedan rebelarse contra aquéllos. A veces es necesario que el Estado se dirija contra
unos cuantos ricos en interés de los ricos en general.
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