poco en el camino que recorrió ese dinero habría sido mejor que el gobierno hubiese obligado
por ley, y en nombre de la patria, a que todos los asalariados depositaran una parte de sus
salarios en las cuentas corrientes de Siemens, Krupp, Flick, Thyssen y otros. El gobierno
podría haber declarado este regalo directo como semana de beneficiencia patriótica para los
millonarios.
Eso es exactamente lo que se ha logrado con las dos guerras mundiales, si bien dando
un rodeo absurdo y sangriento. Eso es lo que se ha logrado con la última Guerra del Golfo,
mantener y aumentar los enormes beneficios de las compañias petroleras. Cierto, nadie va a
aceptar sin más entregar una parte del producto de su trabajo, a ingresar directamente una
parte de su salario, en las cuentas corrientes de los potentados. Por eso es menester el rodeo
patriótico de la guerra. El patriotismo se mide por hectáreas. Cuantas más hectáreas de patria,
fábricas y acciones se posean tanto más patriota se es.
Si, salvo las ventajas que han aportado a unos cientos de potentados y grandes
comerciantes, no es posible ver el beneficio que ha supuesto a los pueblos el sacrificio de más
de 78 millones de seres humanos en las guerras de este siglo , queda demostrado que el miedo
a la muerte no impide que la gente realice propósitos ajenos. Lo demencial se pone de
manifiesto por sí solo, no hay que reconocerlo. Los hay que se clavan el cuchillo en el corazón
y esperan que la herida sea inofensiva.
Lo único que puede salvarnos de la autodestrucción que otros nos imponen, llamándola
incluso "cumplir con el deber", es el cálculo meticuloso de los intereses propios.
Las escuelas no los salvaron de la destrucción. Los periódicos y las emisoras de
radiodifusión indujeron al suicidio. No proporcionaron las informaciones y formas de pensar
necesarias para conservar sus vidas y las de sus familias. La ofuscación generada por la
desinformación puede llevar a interpretar la carnicería como una acción útil. No han aprendido
nada que les ayudase a formarse un juicio verdadero de los acontecimientos ni a distinguir
entre sus intereses propios y los ajenos. La escuela no les inculcó el hábito de preguntar en
semejantes circunstancias: ¿
Quién se beneficia con la guerra
? ¿A quién aprovechan hoy las
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