cantidad de dinero que necesitan 6.000 familias inglesas para vivir durante ese mismo espacio
de tiempo. No se le ha ocurrido preguntar por qué la reina se gasta más de 3.000 millones en
el cuidado y entrenamiento de los caballos. Lo obvio le resulta impensable. Es feliz con que
ella sea rica. Tiene la mentalidad sumisa del esclavo.
De nada sirve hacerle reproches al autor de semejante texto. Describe relaciones
demenciales, pero es incapaz de reconocer lo demencial. Le faltan conocimientos de la
maquinaria social. Cierto, dice que en el Hyde-Park, a pesar de la rigurosa libertad de
expresión, ningún orador se puede meter con la casa real. No atisba que esta limitación a la
libertad de expresión impide discutir sobre la riqueza de la familia real. Si se permitiera la
discusión, los ciudadanos se sentirían estimulados a buscar una justificación de la misma. Pero
como la reina sabe que no hay nada que justifique su inmensa riqueza, prohibe que se discuta
el origen y el sentido de la riqueza real.
Cuando se dialoga y discute, uno descubre que hay otros que también piensan como él.
Este descubrimiento de lo que se tiene en común refuerza la confianza en sí mismo. La
experiencia de la solidaridad desencadena acciones. Y las acciones llevan a su vez a nuevas
discusiones. Como cada uno parte del hecho de que es una indecencia que los perros de la
reina coman en bandejas de plata hay que evitar que se discuta en público acerca de este hecho
o de otros no menos indecentes.
Carece de sentido matar al mensajero, criticar al reportero de televisión, porque no es él
quien ha formado su mente. Ignora cuáles son sus intereses. Tal vez se crea más próximo a la
reina que a los soldados de la guardia. Estos programas, como tantos otros, demuestran que la
enseñanza ha mantenido sus rasgos esenciales desde que los nazis y fascistas regían las
escuelas.
Semejantes reportajes los ven y oyen millones de personas. Esta clase de programas se
emite en los momentos de mayor audiencia. A través de la autoridad de la televisión se
acostumbran a contemplar los crímenes contra la sociedad como si se tratase de un cuadro
colorista. Cómo se mantiene la reina en la silla del caballo, su porte, la gallardía del busto, etc.
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