Resulta difícil determinar hasta qué punto las escuelas son fábricas de absurdo, de
irracionalidad o de sueños. Nuestros padres, atemorizados por las de sus represores, actúan
aún conforme a la enseñanzas que les inculcaron. Si queremos evitar, o empezar a evitar, que
nuestra vida transcurra de una manera perversa y estúpida, hay que partir desde el lugar
mismo donde se forma el pensamiento, donde los ricos seleccionan y dan informaciones.
Si no nos defendemos contra el plan de estudios impuesto en las escuelas, los
periódicos, la radio y la televisión, nuestros pensamientos seguirán siendo nuestros enemigos,
por ser los pensamientos del enemigo.
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