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pero nadie, si es discreto,
dice al otro su defeto;
y los del Marqués son tales,
que la vergüenza no deja
referirlos, y es más sabio
intento excusar su agravio,
que satisfacer su queja.
Escucha OCHAVO desde el paño
OCHAVO: (¿Qué serán estos defetos?) Aparte
INÉS: Decid: ¿quién, si en la opinión
del Marqués al mundo son
sus defetos tan secretos
que eso le da confïanza,
le dirá faltas tan feas?
BELTRÁN: Yo, señora, si deseas
no dar causa a su venganza.
Porque tener una fuente
es enfermedad, no error;
de la boca el mal olor
es natural accidente,
el mentir es liviandad
de mozo, no es maravilla,
y vendrán a corregilla
] la obligación y la edad.
Éstos sus defetos son;
pues él los pregunta, deja
que yo mitigue su queja
y aclare su confusión.
OCHAVO: (¡Hay tal cosa!) Aparte
INÉS: Mal sabéis
cuánto amarga un desengaño.
Aunque remediéis su daño
con eso, le ofenderéis;
que aun los públicos defetos
hace, quien los dice, ofensa.
¿Qué será si el Marqués piensa
que los suyos son secretos?
Si son ciertos, la razón
con que le dejo verá,
o el tiempo descubrirá
la verdad, si no lo son;
que a esto sólo mi cuidado
con la dilación aspira.
BELTRÁN: Señora, si ella es mentira,
¡lindamente la han trazado!
INÉS: ¿Qué ocasión a la crïada
de Blanca pudo mover
a mentir?
Vase doña INÉS
BELTRÁN: Toda mujer
es a engañar inclinada.