Librodot La filosofía en el tocador Marqués de Sade
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, los atrapé en las esquinas de las calles..., en los paseos públicos, y me jugué a la
lotería el dinero ganado en esas prostituciones.
EUGENIA: Querida, conozco tu cabeza, has ido mucho más lejos todavía.
SRA. DE SAINT-ANGE: ¿Es eso posible?
EUGENIA: ¡Oh! Sí, sí, y mira cómo lo imagino: ¿no me has dicho que las sensacio-
nes morales más deliciosas nos venían de la imaginación?
SRA. DE SAINTANGE: Sí lo he dicho.
EUGENIA: Pues bien, dejando errar esa imaginación, dándole libertad para fran-
quear los últimos límites que querrían prescribirle la religión, la decencia, la humani-
dad, la virtud, en fin, todos nuestros presuntos deberes, ¿no es cierto que sus extravíos
serían prodigiosos?
SRA. DE SAINT-ANGE: Indudablemente.
EUGENIA: Ahora bien, ¿no ha de excitaros más gracias a la inmensidad de sus ex-
travíos?
SRA. DE SAINT ANGE: Nada más cierto.
EUGENIA: Si esto es así, cuanto más agitadas queramos estar, más desearemos
conmovernos con violencia, más rienda suelta habrá que dar a nuestra imaginación en
las cosas más inconcebibles; nuestro goce mejorará entonces en razón del camino que
haya hecho la cabeza, y...
DOLMANCÉ, besando a Eugenia: ¡Deliciosa!
SRA. DE SAINT-ANGE: ¡Qué progresos ha hecho la bribona en tan poco tiempo!
Pero ¿sabes, encanto, que se puede ir lejos por el camino que nos trazas?
EUGENIA: Así lo entiendo, y puesto que no me impongo ningún freno, ya ves
adónde sospecho que se puede llegar.
SRA. DE SAINT-ANGE: A los crímenes, malvada, a los crímenes más negros y
más horribles.
EUGENIA, en voz baja y entrecortada: Pero tú dices que no existen... y además, sólo
es para calentarse la cabeza: no se hace nada.
DOLMANCÉ: ¡Es, sin embargo, tan dulce hacer lo que uno ha imaginado!
EUGENIA, ruborizándose: Pues bien, se hace... No pretenderéis convencerme, queri-
dos preceptores, de que jamás habéis hecho lo que habéis imaginado...
SRA. DE SAINT-ANGE: A veces lo he hecho.
EUGENIA: ¡Ya llegamos!
DOLMANCÉ: ¡Qué cabeza!
EUGENIA, prosiguiendo: Lo que te pido es lo que has imaginado, y lo que has hecho
tras haberlo imaginado.
SRA. DE SAINT-ANDE, balbuceando: Eugenia, algún día te contaré mi vida. Prosi-
gamos nuestra instrucción..., porque me harías decir unas cosas...
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Véanselas anécdotas de Procopio.
[Fue Procopio un historiador de Justiniano y secretario de Belisario (siglo VI), que dejó unas Anécdotas,
o Historia secreta, traducidas del griego al latín en 1607 por primera vez. En ellas figuran las aventuras
amorosas de Teodora, que tuvo una juventud tormentosa como actriz antes de casarse con el emperador].
[Nota del T]