Librodot La filosofía en el tocador Marqués de Sade
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que acababan de servir a sus pasiones
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, también Zingua, reina de África, inmolaba a sus
amantes
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.
DOLMANCÉ: Estos excesos, perfectamente sencillos y de sobra conocidos por mí,
desde luego, nunca deben realizarse, sin embargo, entre nosotros. «Jamás entre sí se co-
men los lobos», dice el proverbio, y por trivial que sea es exacto. No temáis nada de mí,
amigas mías: quizá pudiera haceros mucho mal, pero nunca os lo haré.
EUGENIA: ¡Oh! No, no, querida, me atrevo a responder de ello: Dolmancé nunca abu-
sará de los derechos que sobre nosotras le demos; creo que tiene la probidad de los vicio-
sos: es la mejor; pero volvamos a nuestro preceptor a sus principios y retornemos, os lo
suplico, al gran designio que nos inflamaba antes de que nos excitásemos.
SRA. DE SAINT-ANGE: ¡Cómo! ¡Bribona, todavía piensas en ello! Había creído que
la historia nacía sólo de la efervescencia de tu cabeza.
EUGENIA: Es el impulso más nítido de mi corazón, y no quedaré contenta hasta la
consumación de ese crimen.
SRA. DE SAINT-ANGE: ¡Oh! Bueno, bueno, perdónala; piensa que es tu madre.
EUGENIA: ¡Bonito título!
DOLMANCÉ: Tienes razón: esa madre ¿ha pensado en Eugenia al traerla al mundo?
La muy tunanta se dejaba follar porque sentía placer, pero estaba muy lejos de pensar en
esta hija. Que actúe como quiera a ese respecto; dejémosla en total libertad y contenté-
monos con asegurarle que, sea el exceso que fuere al que llegue en este caso, jamás se
hará culpable de ningún mal.
EUGENIA: La aborrezco, la detesto, mil razones legitiman mi odio; es preciso que ob-
tenga su vida al precio que sea.
DOLMANCÉ: Pues bien, puesto que tus resoluciones son inquebrantables, quedarás sa-
tisfecha, Eugenia, te lo juro; pero permíteme algunos consejos que, antes de actuar, se
convierten en lo más necesario para ti. Que jamás se te escape tu secreto, y, sobre todo,
actúa sola: nada tan peligroso como los cómplices; desconfiemos siempre de aquellos
mismos que creemos que nos son los más adictos. Nunca, decía Maquiavelo, hay que
tener cómplices, o hay que deshacerse de ellos en cuanto nos han servido. Y esto no
es todo: resulta indispensable, Eugenia, fingir para los proyectos que maquinas. Acércate
más que nunca a tu víctima antes de inmolarla; finge agradarla o consolarla; mímala,
comparte sus penas, júrale que la adoras; haz más aún, convéncela: en tales casos, nunca
podrá llevarse demasiado lejos la falsedad. Nerón acariciaba a Agripina en la barca mis-
ma que debía engullirla
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: imita este ejemplo, usa toda la trapacería, todas las imposturas
que pueda sugerirte tu espíritu. Si la mentira es siempre necesaria a las mujeres, cuando
quieren engañar es cuando se vuelve más indispensable.
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Véanse Suetonio y Dión Casio de Nicea.
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Véase la Histoire de Zingua, reine d’Angola.
[Zingua, reine d’Angola, histoire africaine, París, 1769, fue escrita por Jean-Louis Castilhon, aunque
por error Sade atribuya el libro a un «misionero», que es lo que hace el propio autor en el prólogo, donde
cita como fuentes a los misioneros portugueses y en especial al capuchino Antonio de Gaeta.] [Nota del T.]
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Suetonio, Nerón, XXXIV. [Nota del T]