Librodot La filosofía en el tocador Marqués de Sade
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imprime en nosotros la naturaleza. El niño rompe su sonajero, muerde la teta de su no-
driza, estrangula su pájaro mucho antes de entrar en la edad de la razón
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. La crueldad
está impresa en los animales, en los que, como creo haber dicho, las leyes de la natura-
leza se leen más enérgicamente que en nosotros; y está en los salvajes, más próximos a
la naturaleza que el hombre civilizado; sería por tanto absurdo concluir que es una se-
cuela de la depravación. Tal sistema es falso, lo repito. La crueldad está en la naturale-
za; todos nosotros nacemos con una dosis de crueldad que sólo la educación modifica;
pero la educación no está en la naturaleza, perjudica a los efectos sagrados de la natura-
leza tanto como el cultivo perjudica a los árboles. Comparad en vuestros vergeles el
árbol abandonado a los cuidados de la naturaleza, con ese otro que vuestro arte cuida
dominándolo, y veréis cuál es más bello, cuál os da mejores frutos. La crueldad no es
otra cosa que la energía del hombre que la civilización no ha corrompido todavía: es
por tanto una virtud y un vicio. Eliminad vuestras leyes, vuestros castigos, vuestras cos-
tumbres y la crueldad dejará de tener efectos peligrosos, puesto que no obrará nunca sin
que pueda ser rechazada al punto por los mismos medios; es en el estado de civilización
en el que es peligrosa, porque el ser lesionado carece casi siempre o de la fuerza o de
los medios para rechazar la injuria; pero en el estado de incivilización, si actúa sobre el
fuerte será rechazada por éste, y si actúa sobre el débil, no hay el menor inconveniente,
puesto que sólo lesiona a un ser que cede ante el fuerte de acuerdo con las leyes de la
naturaleza.
No analizaremos la crueldad en los placeres lúbricos de los hombres; ya veis, Euge-
nia, poco más o menos, los diferentes excesos a que pueden llevar, y vuestra ardiente
imaginación ha de haceros comprender fácilmente que, en un alma firme y estoica, no
deben tener límites. Nerón, Tiberio, Heliogábalo, inmolaban niños para conseguir que
se les pusiera dura; el mariscal de Retz, Charolais
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, tío de Condé, cometieron también
los asesinatos del desenfreno: el primero confesó en su interrogatorio que no conocía
voluptuosidad más poderosa que la que sacaba del suplicio infligido por su limosnero y
él a niños de ambos sexos. En uno de sus castillos de Bretaña se hallaron setecientos u
ochocientos inmolados. Todo ello es concebible, acabo de probároslo. Nuestra constitu-
ción, nuestros órganos, el curso de los licores, la energía de los espíritus animales: he
ahí las causas físicas que producen en el mismo momento los Titos o los Nerones, las
Mesalinas o las Chantal
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; no hay por qué enorgullecerse más de la virtud que arrepen-
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El tema del niño cruel, que procede de Hobbes, fue recogido por Rousseau en el Discurso sobre el
origen de la desigualdad, inmediatamente después de sus pensamientos sobre la piedad. Era, de todos
modos, un tema frecuente de la Enciclopedia: Diderot lo comenta al final de su artículo Hobbisme. [Nota
del T]
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El mariscal de Retz o Rais (c. 1400-1440), compañero de Juana de Arco, dejó un reguero de crímenes
por los que fue ejecutado en Nantes; su figura se convirtió en personaje legendario. Charolais, emparentado
con el Príncipe de Condé, murió en julio de 1760, de gota, repentinamente. En el Journal de Barbier
Chronique de la Régence et du regne de Louis XV (París, 1857), se cuentan varios episodios que ponen
de relieve su brutalidad y sus violencias; más adelante, el propio Sade referirá uno de esos episodios, aun-
que en la obra de Barbier, lo que Sade atribuye a los labios reales, figura en los del Duque de Orleans, que
fue quien, evidentemente, las pronunció. [Nota del T]
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Sade opone Tito a Nerón, y santa Juana de Chantal a Mesalina. Santa Juana, fundadora de la orden de
la Visitación (1572-1741) fue dirigida espiritualmente por san Francisco de Sales. [Nota del T]