Librodot La filosofía en el tocador Marqués de Sade
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mas narices. Dueño de la manga, yo dirigiré los chorros de manera que resulte to-
talmente cubierta. Mientras tanto, sobadle cuidadosamente todas las partes lú-
bricas de su cuerpo. Eugenia, poned toda vuestra imaginación en los últimos ex-
travíos del libertinaje; pensad que vais a ver realizarse los más bellos misterios
ante vuestros ojos; pisotead todo comedimiento: el pudor no fue nunca una vir-
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. Si la naturaleza hubiera querido que ocultásemos algunas partes de nuestro
cuerpo, ella misma hubiera tenido ese cuidado; pero nos ha creado desnudos; por
lo tanto quiere que vayamos desnudos y todo proceder en contra ultraja totalmente
sus leyes. Los niños, que todavía no tienen ninguna idea del placer ni, en conse-
cuencia, de la necesidad de hacerlo más vivo mediante la modestia, muestran
cuanto llevan. También a veces puede encontrarse una singularidad mayor: hay
países donde es habitual el pudor de las vestimentas, sin que en ellos pueda en-
contrarse la modestia de costumbres. En Otaiti las jóvenes van vestidas, pero se
remangan en cuanto se lo piden.
SRA. DE SAINT-ANGE: Lo que me gusta de Dolmancé es que no pierde el
tiempo; a la vez que discursea, ved cómo actúa, cómo examina complacido el so-
berbio culo de mi hermano, cómo menea voluptuosamente la hermosa polla de este
joven... ¡Vamos, Eugenia, manos a la obra! ¡Ya está la manga de la bomba en el
aire; pronto nos inundará!
EUGENIA: ¡Ay, querida amiga, qué miembro tan monstruoso!... ¡Si apenas pue-
do abarcarlo!... ¡Oh, Dios mío! ¿Son todos tan gordos como éste?
DOLMANCÉ: Sabéis, Eugenia, que el mío es bastante inferior; tales aparatos
son temibles para una jovencita; ya veis que éste no os perforaría sin peligro.
EUGENIA, ya masturbada por la Sra. de SaintAnge: ¡Ay, a todos los desafiaría yo
para gozar de ellos!...
DOLMANCÉ: Y haríais bien: una joven nunca debe asustarse por una cosa se-
mejante; la naturaleza y los torrentes de placeres con que os colma, os compensan
pronto de los pequeños dolores que los preceden. He visto a muchachas más jóve-
nes que vos aguantar pollas más gordas todavía. Con coraje y paciencia se superan
los mayores obstáculos. Es una locura imaginar que, en la medida de lo posible,
hay que recurrir a pollas muy pequeñas para desflorar a una joven. Soy de la opi-
nión de que una joven debe, por el contrario, entregarse a los aparatos más gordos
que pueda encontrar, a fin de que,
una vez rotos cuanto antes los ligamentos del himen, las sensaciones del placer puedan,
de este modo, producirse con mayor rapidez en ella. Cierto que una vez acostumbrada a
ese tamaño, sufrirá mucho al volver a otro mediocre; pero si es rica, joven y bella, encon-
trará todos los que quiera de ese tamaño. Que se limite entonces a ellos; y si se le presen-
tan otros menos gordos y quiere utilizarlos, que se los meta entonces por el culo.
SRA. DE SAINT ANGE: Indudablemente, y para ser aún más feliz, que se sirva de los
dos a la vez; que las voluptuosas sacudidas con que ha de agitar al que la encoña sirvan
para precipitar el éxtasis del que la encula, e, inundada de leche por los dos, lance la suya
muriendo de placer.
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Sade parece aprovechar de Bougainville su Voyage autour du monde, publicado en 1771: el suple-
mento a este viaje, escrito por Diderot, no aparecería hasta un año después de la publicación del texto sa-
diano. De Bougainville parece haber tomado la cita de la desnudez de las mujeres de Otaiti. [Nota del T]