Librodot La filosofía en el tocador Marqués de Sade
54
y mil veces!... Toma, aquí está esta polla que deseas!... ¿La sientes, granuja? Di, di:
¿sientes cómo penetra?...
SRA. DE SAINT-ANGE: ¡Ay, métemela hasta el fondo de las entrañas!... ¡Oh, dulce
voluptuosidad, cuán poderoso es tu imperio!
DOLMANCÉ: No he jodido otro culo igual en mi vida: ¡es digno del mismo Ganíme-
des! Vamos, Eugenia, que por vuestros cuidados Agustín me encule al instante.
EUGENIA: Aquí está, os lo traigo. (A Agustín). Vamos, angelito, ¿ves el agujero que
tienes que perforar?
AGUSTÍN: Veo bien... ¡Maldizión! Ahí zí que hay zitio!... Entraré mejor que en voz,
zeñorita; bezarme un poco para entrar mejor.
EUGENIA, besándole: ¡Oh, todo lo que quieras.... estás tan fresco!... Pero empuja...
¡Qué pronto ha entrado la cabeza!... Me parece que el resto no tardará mucho...
DOLMANCÉ: ¡Empuja, empuja, amigo mío!... Desgárrame si hace falta... Venga, que
mi culo ya está dispuesto... ¡Ay, rediós, qué maza! ¡No he recibido nunca nada semejan-
te!... ¿Cuántas pulgadas quedan fuera, Eugenia?
EUGENIA: Dos apenas.
DOLMANCÉ: ¡Tengo, por tanto, once pulgadas en el culo!... ¡Qué delicia!... ¡Me re-
vienta, no puedo más!... Vamos, caballero, ¿estás listo?...
EL CABALLERO: Prueba y dime lo que te parece.
DOLMANCÉ: Venid, hijos míos, que os case... quiero cooperar lo mejor posible a este
divino incesto. (Introduce la polla del caballero en el coño de su hermana.)
SRA. DE SAINT-ANGE: ¡Ay, amigos míos, heme aquí jodida por los dos lados!... ¡Re-
diós! ¡Qué divino placer!... ¡No, no hay nada en el mundo que pueda comparársele!...
¡Ay, joder! ¡Qué pena me da la mujer que no lo haya probado!... ¡Sacúdeme, Dolmancé,
sacúdeme!..., fuérzame con la violencia de tus movimientos a precipitarme en la espada
de mi hermano, y tú, Eugenia, contémplame; ven a mirarme en el vicio; ven a aprender
siguiendo mi ejemplo, a gustarlo con arrobo, a saborearlo con delicia... Mira, amor mío,
mira todo lo que hago a la vez: ¡escándalo, seducción, mal ejemplo, incesto, adulterio,
sodomía!... ¡Oh, Lucifer, solo y único dios de mi alma, inspírame alguna cosa más, ofrece
a mi corazón nuevos extravíos y verás cómo me sumerjo en ellos!
DOLMANCÉ: ¡Voluptuosa criatura! ¡Cómo empujas mi leche, cómo me obligas a co-
rrerme con tus frases y con el extremado calor de tu culo!... Todo me fuerza a correrme
hora mismo... Eugenia, da ánimos al coraje de mi jodedor; oprime sus flancos, entreabre
sus nalgas; ahora ya sabes el arte de reanimar los deseos vacilantes... Tu sola proximidad
da energía a la polla que me jode... La siento, sus sacudidas son más vivas... ¡Bribona,
tengo que cederte lo que hubiera querido deber sólo a mi culo!... Caballero... te vas, lo
siento... ¡Espérame!... ¡Esperadnos!... ¡Oh, amigos míos, corrámonos juntos: es la única
felicidad de la vida!...
SRA. DE SAINT ANGE: ¡Ay! ¡Joder, joder! Correos cuando queráis... yo no aguanto
más. ¡Rediós en quien me jodo!... ¡Sagrado bujarrón de dios! ¡Descargo!... Inundadme,
amigos míos, inundad a vuestra puta..., lanzad las olas de vuestra leche espumosa hasta el
fondo de mi alma abrasada: sólo existe para recibirlas. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Joder... joder!...
¡Qué increíble exceso de voluptuosidad!... ¡Me muero!... ¡Eugenia, déjame que te bese,
que te coma, que devore tu leche mientras pierdo la mía!... (Agustín, Dolmancé y el caba-
llero le hacen coro; el temor a ser monótonos nos impide transcribir expresiones que, en
tales instantes, siempre son parecidas.)