JEROME DAVID SALINGER - UN DIA PERFECTO PARA EL PEZ PLATANO
acerca de sus proyectos sobre la muerte. Lo que hizo con esas fotos tan bonitas
de las Bermudas... ¡Todo!
-¿Y...?-dijo la chica.
-En primer lugar, dijo que era un verdadero crimen que el ejército lo hubiera
dado de alta del hospital. Palabra. En definitiva, dijo a tu padre que hay una
posibilidad, una posibilidad muy grande, dijo, de que Seymour pierda por
completo la razón. Te lo juro.
-Aquí, en el hotel, hay un psiquiatra -dijo la chica.
-¿Quién? ¿Cómo se llama?
-No sé. Rieser o algo así. Dicen que es un psiquiatra muy bueno.
-Nunca lo he oído nombrar.
-De todos modos, dicen que es muy bueno.
-Muriel, por favor, no seas inconsciente. Estamos muy preocupados por ti. Lo
cierto es que... anoche tu padre estuvo a punto de enviarte un telegrama para
que volvieras inmediatamente a casa...
-Por ahora no pienso volver, mamá. Así que tómalo con calma
-Muriel, te doy mi palabra. El doctor Sivetski ha dicho que Seymour podía perder
por completo la...
-Mamá, acabo de llegar. Hace años que no me tomo vacaciones, y no pienso meter
todo en la maleta y volver a casa porque sí-dijo la chica-. Por otra parte,
ahora no podría viajar. Estoy tan quemada por el sol que ni me puedo mover.
-¿Te has quemado mucho? ¿No has usado ese bronceador que te puse en la maleta?
Está...
-Lo usé. Pero me quemé lo mismo.
-¡Qué horror! ¿Dónde te has quemado?
-Me he quemado toda, mamá, toda.
-¡Qué horror!
-No me voy a morir.
-Dime, ¿has hablado con ese psiquiatra?
-Bueno... sí... más o menos...-dijo la chica.
-¿Qué dijo? ¿Dónde estaba Seymour cuando le hablaste?
-En la Sala Océano, tocando el piano. Ha tocado el piano las dos noches que
hemos pasado aquí.
-Bueno, ¿qué dijo?
-¡Oh, no mucho! ¡l fue el primero en hablar. Yo estaba sentada anoche a su
lado, jugando albingo, y me preguntó si el que tocaba el piano en la otra sala
era mi marido. Le dije que sí, y me preguntó si Seymour había estado enfermo o
algo por el estilo. Entonces yo le dije...
-¿Por que te hizo esa pregunta?
-No sé, mamá. Tal vez porque lo vio tan pálido, y yo qué sé-dijo la chica-. La
cuestión es que, después de jugar al bingo, él y su mujer me invitaron a tomar
una copa. Y yo acepté. La mujer es espantosa. ¿Te acuerdas de aquel vestido de
noche tan horrible que vimos en el escaparate de Bonwit? Aquel vestido que tú
dijiste que para llevarlo había que tener un pequeño, pequeñsimo...
-¿El verde?
-Lo llevaba puesto. ¡Con unas cadenas...! Se pasó el rato preguntándome si
Seymour era pariente de esa Suzanne Glass que tiene una tienda en la avenida
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