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las llevó, Lo que faltaba, Coge las tuyas, luego veremos, Bien, vamos,
dame la mano. El ciego dijo, Si voy a quedarme así para siempre, me
mato, Por favor, no digas disparates, para desgracia basta ya con lo
que nos ha ocurrido, Soy yo quien está ciego, no tú, tú no puedes
saber lo que es esto, El médico te curará, ya verás, Ya veré.
Salieron. Abajo, en el portal, la mujer encendió la luz y le dijo al
oído, Espérame aquí, si aparece algún vecino háblale con naturalidad,
dile que me estás esperando, nadie que te vea pensará que estás
ciego, no tenemos por qué andar contándoselo a la gente, Sí, pero no
tardes. La mujer salió corriendo. Ningún vecino entró ni salió. Por
experiencia, el ciego sabía que la escalera sólo estaría iluminada
cuando se oyera el mecanismo del contador automático, por eso iba
apretando el disparador cada vez que se hacía el silencio. Para él la
luz, esta luz, se había convertido en ruido. No entendía por qué la
mujer tardaba tanto, la calle estaba allí mismo, a unos ochenta, cien
metros, Si nos retrasamos mucho va a marcharse el médico, pensó.
No pudo evitar un gesto maquinal, levantar la muñeca izquierda y
bajar los ojos para ver la hora. Apretó los labios como si lo traspasara
un súbito dolor, y agradeció a la suerte que no hubiera aparecido en
aquel momento un vecino, pues allí mismo, a la primera palabra que le
dirigiese, se habría deshecho en lágrimas. Un coche se paró en la
calle, Al fin, pensó, pero, de inmediato, le pareció raro el ruido del
motor, Eso es diesel, es un taxi, dijo, y apretó una vez más el botón de
la luz. La mujer acababa de entrar, nerviosa, Tu santo protector, esa
alma de Dios, se ha llevado el coche, No puede ser, seguro que no
miraste bien, Claro que miré bien, yo no estoy ciega, las últimas
palabras le salieron sin querer, Me habías dicho que el coche estaba
en la calle de al lado, corrigió, y no está, o quizá lo dejó en otra calle,
No, no, fue en ésa, estoy seguro, Pues entonces, ha desaparecido, O
sea que las llaves, Aprovechó tu desorientación, la aflicción en que
estabas, y nos lo robó, Y yo que no lo dejé que entrara en casa, por
miedo, si se hubiera quedado haciéndome compañía hasta que
llegases tú, no nos habría robado el coche, Vamos, está esperando el
taxi, te juro que daría un año de vida por ver ciego también a ese
miserable, No grites tanto, Y que le robaran todo lo que tenga, A lo
mejor aparece, Seguro, mañana llama a la puerta y nos dice que fue
una distracción, nos pedirá disculpas, y preguntará si te encuentras
mejor.