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más de una hora esperando. Los otros enfermos la apoyaron en voz
baja, pero ninguno, ni ella misma, encontraron prudente seguir
insistiendo en su reclamación, no fuera a enfadarse el médico y les
hiciera pagar luego la impertinencia haciéndolos esperar aún más, que
casos así se han visto. El viejo del ojo vendado fue magnánimo,
Déjenlo, pobre hombre, que está bastante peor que cualquiera de
nosotros. El ciego no lo oyó, estaban entrando ya en el despacho del
médico, y la mujer decía, Gracias, doctor, es que mi marido, y se
quedó cortada, en realidad no sabía lo que había ocurrido realmente,
sabía sólo que su marido estaba ciego y que les habían robado el
coche. El médico dijo, Siéntense, por favor, y él personalmente ayudó
al enfermo a acomodarse, y luego, tocándole la mano, le habló
directamente, A ver, cuénteme lo que le ha pasado. El ciego explicó
que estaba en el coche, esperando que el semáforo se pusiera en
verde, y que de pronto se había quedado sin ver, que había acudido
gente a ayudarle, que una mujer mayor, por la voz debía de serlo, dijo
que aquello podían ser nervios, y que después lo acompañó un
hombre hasta casa, porque él solo no podía valerse, Lo veo todo
blanco, doctor. No habló del robo del coche.
El médico le preguntó, Nunca le había ocurrido nada así, quiero
decir, lo de ahora, o algo parecido, Nunca, doctor, ni siquiera llevo
gafas, Y dice que fue de repente, Sí, doctor, Como una luz que se
apaga, Más bien como una luz que se enciende, Había notado
diferencias en la vista estos días pasados, No, doctor, Y hubo algún
caso de ceguera en su familia, No, doctor, en los parientes que he
conocido o de los que oí hablar, nadie, Sufre diabetes, No, doctor, Y
sífilis, No, doctor, Hipertensión arterial o intracraneana, Intracraneana,
no sé, de la otra sé que no, en la empresa nos hacen reconocimientos,
Se dio algún golpe fuerte en la cabeza, hoy o ayer, No, doctor,
Cuántos años tiene, Treinta y ocho, Bueno, vamos a ver esos ojos. El
ciego los abrió mucho, como para facilitar el examen, pero el médico lo
cogió por el brazo y lo colocó detrás de un aparato que alguien con
imaginación tomaría por un nuevo modelo de confesionario en el que
los ojos hubieran sustituido a las palabras, con el confesor mirando
directamente el interior del alma del pecador. Apoye la barbilla aquí,
recomendó, y mantenga los ojos bien abiertos, no se mueva. La mujer
se acercó al marido, le puso la mano en el hombro, dijo, Verás cómo
todo se arregla. El médico subió y bajó el sistema binocular de su lado,
hizo girar tornillos de paso finísimo, y empezó el examen. No encontró