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nada en la córnea, nada en la esclerótica, nada en el iris, nada en la
retina, nada en el cristalino, nada en el nervio óptico, nada en ninguna
parte. Se apartó del aparato, se frotó los ojos, luego volvió a iniciar el
examen desde el principio, sin hablar, y cuando terminó, de nuevo
mostraba en su rostro una expresión perpleja, No le encuentro
ninguna lesión, tiene los ojos perfectos. La mujer juntó las manos en
un gesto de alegría, y exclamó, Ya te lo dije, ya te dije que todo se iba
a resolver. Sin hacerle caso, el ciego preguntó, Puedo sacar la barbilla
de aquí, doctor, Claro que sí, perdone, Si, como dice, mis ojos están
perfectos, por qué estoy ciego, Por ahora no sé decírselo, vamos a
tener que hacer exámenes más minuciosos, análisis, ecografía,
encefalograma, Cree que esto tiene algo que ver con el cerebro, Es
una posibilidad, pero no lo creo, Sin embargo, doctor, dice usted que
en mis ojos no encuentra nada malo, Así es, no veo nada, No
entiendo, Lo que quiero decir es que si usted está de hecho ciego, su
ceguera, en este momento, resulta inexplicable, Duda acaso de que yo
esté ciego, No, hombre, no, el problema es la rareza del caso,
personalmente, en toda mi vida de médico, nunca vi un caso igual, y
me atrevería incluso a decir que no se ha visto en toda la historia de la
oftalmología, Y cree usted que tengo cura, En principio, dado que no
encuentro lesión alguna ni malformaciones congénitas, mi respuesta
tendría que ser afirmativa, Pero, por lo visto, no lo es, Sólo por
prudencia, sólo porque no quiero darle esperanzas que podrían luego
resultar carentes de fundamento, Comprendo, Es así, Y tengo que
seguir algún tratamiento, tomar alguna medicina, Por ahora no voy a
recetarle nada, sería recetar a ciegas, Ésa es una observación
apropiada, observó el ciego. El médico hizo como si no hubiera oído,
se apartó del taburete giratorio en el que se había sentado para
efectuar la observación y, de pie, escribió en una hoja de receta los
exámenes y análisis que consideraba necesarios. Le entregó el papel
a la mujer, Aquí tiene, señora, vuelva con su marido cuando tengan los
resultados, y si mientras tanto hay algún cambio, llámeme, La
consulta, doctor, Páguenla a la salida, a la enfermera. Los acompañó
hasta la puerta, musitó una frase dándoles confianza, algo como
Vamos a ver, vamos a ver, es necesario no desesperar, y, cuando se
encontró de nuevo solo, entró en el pequeño cuarto de baño anejo y
se quedó mirándose al espejo durante un minuto largo, Qué será eso,
murmuró. Luego volvió a la sala de consulta, llamó a la enfermera,
Que entre el siguiente.