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me da algo. Jadeaba dentro del coche. Bajó las ventanillas de los dos
lados, pero el aire de fuera, aunque se movía, no refrescó la atmósfera
interior. Qué hago, se preguntó. El barracón al que debería llevar el
coche quedaba lejos, a las afueras de la ciudad, y con aquellos
nervios no iba a llegar nunca, Me atrapa un guardia, o tengo un
accidente, que todavía sería peor, murmuró. Pensó entonces que lo
mejor sería salir un rato del coche, dar una vuelta, airear las ideas, A
ver si me quito las telarañas de la cabeza, por el hecho de que el tipo
aquel se quedara ciego no me va a pasar lo mismo a mí, esto no es
una gripe que se pegue, doy una vuelta a la manzana y se me pasa.
Salió, no valía la pena cerrar el coche, estaría de vuelta en un
momento, y se alejó. Aún no había andado treinta pasos cuando se
quedó ciego.
En el consultorio el último cliente atendido fue el viejo
bondadoso, el que había dicho palabras tan llenas de piedad por aquel
pobre hombre que se había quedado ciego de repente. Iba sólo para
que le dieran la fecha de la operación de catarata en el único ojo que
le quedaba, que la venda tapaba una ausencia y no tenía nada que
ver con el caso de ahora. Son cosas que vienen con la edad, le había
dicho el médico tiempo atrás, cuando la catarata esté madura la
quitamos, luego no va a reconocer el mundo en que vivió, ya verá.
Cuando salió el viejo de la venda negra, y la enfermera dijo que no
había más pacientes en la sala de espera, el médico cogió la ficha del
hombre que se había quedado ciego súbitamente, la leyó una, dos
veces, pensó durante unos minutos, y luego fue al teléfono y llamó a
un colega, con quien sostuvo la siguiente conversación, Oye, mira, he
tenido hoy un caso extrañísimo, un hombre que perdió la vista de
repente, el examen no ha mostrado nada, ninguna lesión perceptible,
ni indicios de malformación de nacimiento, dice que lo ve todo blanco,
con una especie de blancura lechosa, espesa, que se le agarra a los
ojos, estoy intentando expresar del mejor modo posible la descripción
que me hizo, sí, claro que es subjetivo, no, el hombre es joven, treinta
y ocho años, tienes noticia de algún caso semejante, has leído, oíste
hablar de algo así, ya lo pensaba yo, por ahora no le veo solución,
para ganar tiempo le mandé que se hiciera unos análisis, sí, podemos
verlo juntos uno de estos días, después de cenar voy a echar un
vistazo a los libros, revisar bibliografía, a ver si se me ocurre algo, sí,
ya sé, la agnosis, la ceguera psíquica, podría ser, pero se trataría
entonces del primer caso de estas características, porque de lo que no