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era también blanca, pero se calló, para qué, de qué servía, fuese cual
fuese la respuesta
,
blanca o negra la ceguera, de allí no iban a salir.
Tendió la mano vacilante hacia su mujer y encontró la mano de ella en
el camino. La mujer le besó la cara, nadie más podía ver esta frente
marchita, la boca apagada, los ojos muertos, como de cristal,
atemorizadores, porque parecían ver y no veían, También me llegará
el turno, pensó, cuándo, tal vez en este mismo instante, sin darme
tiempo a acabar lo que estoy diciéndome, en cualquier momento,
como ellos, o tal vez despierte ciega, me quedaré ciega al cerrar los
ojos para dormir, y creeré que sólo me he quedado dormida.
Miró a los cuatro ciegos, estaban sentados en las camas, y a sus
pies estaba el poco bagaje que habían podido llevarse, el niño con su
mochila escolar, los otros con las maletas, pequeñas, como si fueran
para un fin de semana. La chica de las gafas oscuras conversaba en
voz baja con el niño, en la fila del otro lado, próximos los dos, sólo una
cama vacía en medio, el primer ciego y el ladrón del coche se
enfrentaban sin saberlo. El médico dijo, Hemos oído las órdenes, pase
lo que pase sabemos una cosa, nadie va a venir a ayudarnos, por eso
sería conveniente que nos empezásemos a organizar ya, porque no
pasará mucho tiempo antes de que esta sala se llene de gente, ésta y
las otras, Cómo sabe que hay otras salas, preguntó la muchacha,
Anduvimos un poco por ahí antes de instalarnos en ésta, que era la
que quedaba más cerca de la puerta de entrada, explicó la mujer del
médico mientras apretaba el brazo del marido recomendándole
prudencia. Dijo la muchacha, Lo mejor sería que usted, doctor, fuera el
responsable, al fin y al cabo es médico, Y para qué sirve un médico sin
ojos y sin medicinas, Tiene la autoridad. La mujer del médico sonrió,
Creo que tendrías que aceptar, si los demás están de acuerdo, claro,
Yo no creo que sea una buena idea, Por qué, Por ahora sólo somos
seis, pero mañana, seguro, seremos más, todos los días llegará gente,
sería apostar por lo imposible figurarse que iban a estar dispuestos a
aceptar una autoridad que no han elegido y que, además, nada les
puede dar a cambio de su acatamiento, eso suponiendo que
reconocieran una autoridad y una reglamentación, Entonces va a ser
difícil vivir aquí, Tendremos mucha suerte si sólo es difícil. La chica de
las gafas oscuras dijo, Mi intención era buena, pero, realmente, el
doctor tiene razón, aquí cada uno va a tirar por su lado.
Fuera porque se sintió movido por estas palabras, o porque ya
no pudo aguantar más la furia, uno de los hombres se puso en pie