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crisis que estamos atravesando, etc., etc. Cuando calló la voz, se
levantó un coro indignado de protestas, Estamos encerrados, Vamos a
morir todos aquí, No hay derecho, Dónde están los médicos que nos
habían prometido, esto era algo nuevo, las autoridades habían
prometido médicos, asistencia, tal vez incluso la curación completa. El
médico no dijo que si precisaban un médico allí estaba él. Nunca más
lo diría. A un médico no le bastan las manos, un médico cura con
medicinas, fármacos, compuestos químicos, drogas y combinaciones
de esto y aquello, y aquí no hay rastro de nada de eso ni esperanza de
conseguirlo. Ni siquiera tenía ojos para percibir la palidez de un rostro,
para observar un rubor en la circulación periférica, cuántas veces, sin
necesidad de más minuciosos exámenes, esas señales exteriores
equivalían a la historia clínica completa, o la coloración de las
mucosas y de los pigmentos, con altísima probabilidad de acierto, De
ésta no escapas. Como los otros camastros próximos estaban todos
ocupados, la mujer ya no podía irle contando lo que le pasaba, pero él
percibía el ambiente cargado, tenso, rozando ya la aspereza de un
conflicto, que se había intensificado desde la llegada de los últimos
ciegos. Hasta la atmósfera de la sala parecía haberse vuelto más
espesa, con hedores que flotaban, gruesos y lentos, con súbitas
corrientes nauseabundas, Cómo será esto
dentro de una semana, se
preguntó, y le asustó imaginar que dentro de una semana aún estarían
encerrados en este lugar, Suponiendo que no haya dificultades con el
abastecimiento de comida, y seguro que las habrá, dudo que la gente
de fuera sepa en cada momento cuántos vamos siendo aquí, la
cuestión es cómo se van a resolver los problemas de higiene, no hablo
ya de cómo nos lavaremos, ciegos recientes, de pocos días, y sin
ayuda de nadie, y si las duchas funcionarán, y por cuánto tiempo,
hablo de lo demás, de los demases todos, un simple atasco en los
retretes, sólo uno, y esto se convertirá en una cloaca. Se frotó la cara
con las manos, sintió la aspereza de la barba de tres días, Es mejor
así, espero que no se les ocurra la idea de mandarnos hojas de afeitar
y tijeras. En la maleta tenía todo lo que necesitaba para afeitarse, pero
sabía que sería un error hacerlo, Y dónde, dónde, no aquí, en la sala,
en medio de todos éstos, cierto es que ella podría afeitarme, pero los
otros no tardarían en darse
cuenta, y les sorprendería que alguien lo
hiciera, y allá dentro, en las duchas, aquella confusión, Dios santo, qué
falta nos hacen los ojos, ver, ver, aunque no fuese más que unas
vagas sombras, estar delante de un espejo, mirar una mancha oscura