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había también, brutos por la desesperación o por naturaleza propia,
que blasfemaban y rechazaban la mano benemérita que acudía en su
ayuda, Deje, deje, que también va a llegarle su vez, entonces el
compasivo se asustaba y se iba, huía perdiéndose en el espesor de la
niebla blanca, súbitamente consciente del riesgo en que su bondad le
había hecho incurrir, quién sabe si para ir a perder la vista unos pasos
más allá.
Así están las cosas en el mundo de fuera, acabó el viejo de la
venda negra, y no lo sé todo, sólo hablo de lo que pude ver con mis
propios ojos, aquí se interrumpió, hizo una pausa y corrigió
inmediatamente, Con mis ojos, no, porque sólo tenía uno, ahora ni
ése, es decir, sigo teniendo uno pero no me sirve, Nunca le pregunté
por qué no llevaba un ojo de cristal en vez del parche, Y para qué lo
quería yo, a ver, dígame, dijo el viejo de la venda negra, Se suele
hacer, por estética, además, es mucho más higiénico, se lo quita uno,
lo lava, se lo pone, como las dentaduras, Sí señor, dígame entonces
qué pasaría hoy si todos los que están ahora ciegos hubiesen perdido,
digo perdido materialmente, los dos ojos, de qué les serviría ahora
andar con dos ojos de cristal, Realmente, no serviría de nada, Si
acabamos todos ciegos, como parece que va a ocurrir, para qué
queremos la estética, y en cuanto a la higiene, dígame, doctor, qué
higiene hay aquí, Probablemente, sólo en un mundo de ciegos serán
las cosas lo que realmente son, dijo el médico, Y las personas,
preguntó la chica de las gafas oscuras, Las personas también, nadie
estará allí para verlas, Se me ocurre una idea, dijo el viejo de la venda
negra, vamos a jugar para matar el tiempo, Cómo se puede jugar sin
ver lo que se juega, preguntó la mujer del primer ciego, No va a ser
exactamente un juego, se trata de que cada uno de nosotros diga
exactamente lo que estaba viendo en el momento en que se quedó
ciego, Puede ser poco conveniente, recordó alguien, Quien no quiera
entrar en el juego, no entra, lo que no vale es inventar, Dé un ejemplo,
dijo el médico, Se lo doy, sí señor, dijo el viejo de la venda negra, me
quedé ciego cuando estaba mirando mi ojo ciego, Qué quiere decir,
Muy sencillo, sentí como si el interior de la órbita vacía se estuviera
inflamando, me quité el parche para comprobarlo, y en ese momento
me quedé ciego, Parece una parábola, dijo una voz desconocida, el
ojo que se niega a reconocer su propia ausencia, Yo, dijo el médico,
había estado consultando en casa unos libros de oftalmología,
precisamente a causa de lo que está ocurriendo, lo último que vi