ardiente que aspira a la correspondencia, del amor correspondido que
lucha con la contrariedad, del amor triunfante y satisfecho que pierde
improviso el cielo de su ventura; he aquí, en pocas palabras, el cuadro
cada vez más correcto que va a entretener nuestra imaginación y a
remontar la sorpresa, extasiada y anhelante por las aéreas regiones de lo
espiritual.
No tan angélica como Desdémona, no tan gentil como Porcia, pero sí
más vehemente, más apasionada, más interesante y conmovedora en sus
elevados arranques, la Julieta de Shakespeare caracteriza el tipo bello,
perfecto, superior, de la más perfecta, superior y bella sensación del
alma. Haciéndola, o bien intérprete de su exquisita sensibilidad, o bien
irrecusable testimonio de su rara concepción, el eminente poeta la ha
eternizado reina entre sus heroínas, y le ha ceñido el laurel de su
nombre inmortal.
Julieta, unificada con Romeo, es la fiel representación de la tragedia
del amor, como dice Mr. Guizot, lo mismo que Otelo, lo mismo que
Macbeth, arrastrados por sus infernales consejeros, conforman las
tragedias de los celos y la ambición.
Lo hemos dicho antes, y no nos cansaremos de repetirlo, por más
que la docta pluma de Chateaubriand haya querido consignar
diferencias, Shakespeare sobresale sin rival por la pureza y naturalidad
de sus creaciones, por la viva y extraordinaria similitud con que retrata
los sentimientos humanos. Así como éstos predominan, como se elevan
y descienden, como se cambian a merced de impulsos repentinos e
indefinibles, así su prodigiosa imaginación los detalla, sin esfuerzo, sin
ningún premeditado estudio, sin quitar ni añadir un solo punto a la
verdad, postergando siempre a ésta todo ficcioso compuesto, toda
floridez y elevación.
Fehaciente testimonio de este proceder son los interesantes
caracteres que, aparte el de los protagonistas, figuran en la pieza que
traducimos a continuación.
Fray Lorenzo, Mercucio, la Nodriza, Capuleto, cada uno en
particular, es tipo de perfección admirable, tipos o pinturas que van
ofreciendo al lector contrastes inesperados de pureza y sublimidad, de
sencillez y grandeza, siempre adecuados a las situaciones, siempre en
analogía con el sentimiento especial que determinan.