- No sé si he hecho bien en llamarle. Tenía que decidirlo por mi cuenta y no acertaba a
pensar en otra cosa...
Una camarera se materializó entre la atmósfera cargada de humo y vapores alcohólicos.
Devan pidió dos whiskys, uno con agua y otro con cerveza.
- No, por favor, para mí no - rechazó la señorita Treat, alzando su vaso de cerveza a
medio tomar -. Es..., es malo para la silueta.
- Pues tiene usted cara de estarlo necesitando. Lo tomará.
Su rostro, pálido y agotado, se coloreó de sonrojo cuando él le palmeó afectuosamente
la mano.
- Y bien, ¿va a decirme por fin lo que ocurre?
La señorita Treat era una mujer bastante alta, que había sobrepasado ya hacía tiempo el
cabo de los treinta, aunque sin perder la gracia y el encanto de la juventud. Eso, amén de
su inagotable dinamismo, su eficiencia y lealtad, le había inducido a elegirla como su
secretaria cuando llegó por primera vez a la Inland. Nunca se arrepintió de su elección.
A menudo admitía que, sin su concurso, no habría cumplido la ardua tarea de los
últimos tres años. Simple y directa, jamás vacilaba cuando estaba en juego el bienestar
de Devan Traylor o los intereses de la Inland, aun cuando su actitud le causara a veces
turbaciones e inconvenientes.
Nunca la había visto tan arreglada como ahora, con su sombrero de plumas rosadas y el
tul que le velaba los ojos y que, debía admitir, armonizaba a la perfección con su vestido
de satén negro. Eso le extrañó. Estaba habituado a los demasiado severos atuendos que
usaba en la oficina.
- No sé cómo decírselo - comenzó ella -. Es tan complicado... Tenía que conseguir que
regresara antes de la reunión del consejo de administración. Van a invertir... hasta un
millón de dólares.
Devan dio un respingo.
- ¿Un millón de dólares? ¡Caracoles! ¿Y en qué?
- Usted se fue la semana pasada, después de la reunión ordinaria de la comisión,
¿recuerda?
Sí, lo recordaba. La reunión de rutina que se celebraba el segundo martes de cada mes.
Había firmado papeles y estrechado todas las manos del círculo antes de marchar hacia
su residencia, en Oak Park, con objeto de recoger a Beverly y a los chicos para ir al
aeropuerto. Todo le había parecido normal entonces.
- Bien. Luego, convocaron una reunión especial, pero no lograron dar con usted, pues ya
había partido... A decir verdad, ni siquiera lo intentaron.
- Pongamos las cosas en claro. Se refiere usted a la comisión ejecutiva, ¿verdad?