SPINOZA
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que el Estado puede y debe ser enteramente laico,
dejar al individuo la entera libertad de sus pensa-
mientos filosóficos y religiosos y no permitir a nin-
guna autoridad religiosa imponerse por la fuerza.
Debía componer el Tratado político, y no pudo pa-
sar del capítulo undécimo. Ante todo, tenía que re-
dactar la Ética, tenía que establecer por la gran vía
metafísica, la única que pudo seguir, que el valor y la
generosidad tienen por sí mismos un precio infinito,
y que la moralidad no necesita recompensa, puesto
que es idéntica al ser.
Spinoza enseñó a los hombres de su tiempo, y
de todos los tiempos, cuánto les importa tratarse
unos a otros como seres razonables. Mostró a los
hombres que, en un alma clara, el apetito se confun-
de con el amor a Dios, que la vida verdadera, así
como no es una vida de placeres, tampoco es una
vida de penas y de privaciones, que es expansión
gozosa, comprensión y dominio de sí.
No retomó y concluyó su Tratado de la reforma
del entendimiento, porque antes de poder trabajar
en él seriamente
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tenía que decir cosas grandes y
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Sin embargo, sabemos por la carta 60 escrita a Tschirn-
haus que las cuestiones metodológicas no cesaron de preocu-
par su espíritu.