TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
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mente a algún propósito nuevo; si la felicidad su-
prema residía en ellos, debía renunciar a poseerla; y
en el caso de que no la contuvieran, el apego exclu-
sivo a esas ventajas me la haría perder igualmente. Se
inquietaba mi alma por saber si acaso era posible
instituir una vida nueva, o cuando menos adquirir
alguna certeza respecto de ello, sin cambiar el orden
antiguo ni la conducta ordinaria de mi vida. Muchas
veces lo intenté en vano. Pues lo más frecuente en la
vida, lo que los hombres, según puede inferirse de
sus acciones, consideran como el bien supremo, se
reduce, en efecto, a estas tres cosas: riqueza, honor y
placer sensual. Cada una distrae el espíritu de cual-
quier pensamiento relativo a otro bien: en el placer
el alma queda suspensa como si descansara en un
bien verdadero, lo que le impide en absoluto pensar
en otro bien; por otra parte, al goce sucede una tris-
teza profunda, que, si no suspende el pensamiento,
lo perturba y embota. La persecución del honor y de
la riqueza no absorbe menos el espíritu; especial-
mente cuando la riqueza se la busca por sí misma
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Este punto habría podido tratarse con más desarrollo y
claridad mediante la consideración separada de los diversos
casos: riqueza buscada por sí misma, por el honor, por el
placer, por la salud, por el progreso de las ciencias y de las