SPINOZA
24
pues entonces se la supone el bien supremo. El ho-
nor absorbe el espíritu más exclusivamente aún por-
que siempre se le considera como algo bueno en sí y
como un fin último al que se refieren todas las ac-
ciones. Además, el honor y la riqueza no son segui-
dos de arrepentimiento, como sucede con el placer;
por el contrario, cuanto más poseemos de ellos, el
gozo experimentado acrece, de donde se deriva la
constante excitación a aumentarlos; y si algunas ve-
ces se frustra nuestra esperanza, sentimos extrema
tristeza. El honor, en fin, constituye un gran impe-
dimento porque para lograrlo es preciso vivir según
la manera de ver de la gente, es decir, huir de lo que
ella huye y buscar lo que ella busca.
(2) Viendo, pues, que esos objetos obstaculizan
la institución de un nuevo modo de vida, que hasta
existe entre ellos y éste una oposición que hace ne-
cesario renunciar a unos o a otro, me vi constreñido
a buscar qué partido era más útil; parecía, en efecto,
como dije, que quería cambiar un bien cierto por
otro incierto. Pero después de alguna reflexión sobre
este asunto, reconocí, en primer lugar, que si dejaba
estas cosas de lado y me entregaba al nuevo modo
artes; pero estas consideraciones se hallarán en otra parte,
pues aqui no corresponde una inquisición minuciosa.