TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
25
de vida, abandonaría un bien incierto por su natura-
leza, como se infiere claramente de lo dicho, por un
bien incierto, no por su naturaleza (pues yo buscaba
un bien estable), sino en cuanto a su logro. Una me-
ditación más prolongada me persuadió de que si po-
día decidirme por completo, renunciaba a males
seguros por un bien seguro. Veía que estaba ex-
puesto a un peligro extremo, y obligado a buscar,
con todas mis fuerzas, un remedio, aunque fuera
inseguro, como el enfermo grave que, cuando prevé
una muerte segura si no recurre a algún remedio, se
ve impelido a buscarlo con todas sus fuerzas, por
incierto que sea, pues constituye toda su esperanza.
Ahora bien; las cosas que el vulgo persigue no sólo
no ofrecen ningún remedio para la conservación de
nuestro ser, sino que la impiden y son, a menudo,
causa de ruina de los que las poseen
20
y siempre cau-
sa de muerte de los poseídos por ellas.
(3) Son numerosos los ejemplos de hombres que
a causa de sus riquezas han sufrido una persecución
que llegó hasta la muerte; y también de hombres
que, por adquirir bienes, se expusieron a tantos peli-
gros que acabaron por pagar su desatino con la vida.
Y no son menos numerosos los ejemplos de quienes
20
Demostraremos más cuidadosamente este punto.