TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
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institución de una vida nueva. Esto fue para mí gran
consuelo, pues vi que el mal no era de naturaleza
irremediable. Aunque esos intervalos fueron al prin-
cipio raros y de breve duración, a medida que conocí
cada vez más el verdadero bien, se hicieron más fre-
cuentes y prolongados, sobre todo cuando observé
que el atesorar, el placer y la gloria sólo son perjudi-
ciales en tanto se les persigue por sí mismos y no
como medios para otros fines. Al contrario, si se les
busca como medios, nunca excederán de cierta me-
dida, y, lejos de perjudicar, contribuirán mucho a
lograr el fin que uno se propone, como mostrare-
mos a su tiempo.
(5) Aquí sólo diré brevemente lo que entiendo
por bien verdadero y también qué es el soberano
bien. Para entenderlo rectamente, es preciso advertir
que bien y mal se expresan en forma puramente re-
lativa, y que una sola y misma cosa puede ser llama-
da buena y mala según como se la considere; lo
mismo ocurre con lo perfecto y lo imperfecto. Nin-
guna cosa, en efecto, considerada en su propia natu-
raleza, podrá llamarse perfecta o imperfecta, sobre
todo cuando sabemos que cuanto sucede se cumple
según el orden eterno y las leyes determinadas de la
naturaleza. Pero como la flaqueza humana no puede