SPINOZA
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vir; estamos, pues, obligados, ante todo, a establecer
algunas reglas que reputaremos buenas y que son
éstas:
(6) I. Hablar según la capacidad del vulgo y ha-
cer, a su modo, todo lo que no nos impida alcanzar
nuestro propósito: ganaremos bastante con él con
tal que, en la medida de lo posible, condescendamos
con su manera de ver y encontraremos así oídos dis-
puestos a escuchar la verdad.
(7) II. Gozar de los placeres justamente lo nece-
sario para conservar la salud.
(8) III. Por último, buscar el dinero o cualquier
otro bien material semejante sólo en cuanto es nece-
sario para conservar la vida y la salud y para con-
formarnos con los usos sociales que no se opongan
a nuestro fin.
(9) Establecidas estas reglas, me pongo a la tarea
y me dedico ante todo a la que tiene prelación, es
decir, a reformar el entendimiento y a volverlo apto
para conocer las cosas como es preciso para lograr
nuestro fin. Para esto, el orden natural exige que re-
vise todos los modos de percepción que he usado
hasta ahora para afirmar o negar con certeza, a fin
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Hay en las ciencias un fin único, al cual deben ser todas
dirigidas.