TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
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esa sensación; pero no por eso podemos saber ab-
solutamente en que consiste esta sensación o esta
unión. De igual modo, cuando conozco la naturaleza
de la visión, y la propiedad a ella correspondiente de
que un mismo objeto visto a gran distancia parece
más pequeño que si lo viéramos de cerca, puedo
concluir
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que el sol es mayor de lo que me aparece,
y otras proposiciones semejantes. En fin, una cosa
es percibida por su sola esencia cuando, por el he-
cho mismo de que conozco algo, sé qué es conocer
alguna cosa, o bien cuando, por el conocimiento que
poseo de la esencia del alma, sé que está unida al
cuerpo. Por este mismo modo de conocimiento sa-
bemos que dos y tres son cinco, que dos líneas pa-
ralelas a una tercera son paralelas entre sí, etc. Sin
embargo, son muy pocas las cosas que he podido
sensación misma, de cuyo efecto hemos inferido la causa, de
la cual nada sabemos.
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Tal conclusión, aunque cierta, es poco segura, a menos que
se tomen muchas precauciones. Si no se procede así, se caerá
inmediatamente en el error; en efecto, cuando se conciben las
cosas de este modo abstracto y no por su esencia verdadera,
la imaginación produce en seguida confusiones. Pues por la
imaginación los hombres se representan lo uno como múlti-
ple: a las cualidades concebidas abstracta, separada, confusa-
mente, dan los nombres que emplean para designar cosas
más familiares, por lo cual las imaginan de la misma manera
que aquellas a las cuales han aplicado primero esos nombres.