SPINOZA
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una nueva idea, y así indefinidamente. Es lo que ca-
da uno puede experimentar al ver que si sabe lo que
Pedro es, sabe que sabe, y también sabe que sabe
que lo sabe, etc. Por eso, para conocer la esencia de
Pedro no es necesario que el entendimiento conozca
la idea misma de Pedro y menos aún la idea de la
idea de Pedro; lo que quiere decir que para saber no
necesito saber que sé, y menos aún saber que sé que
sé; como para conocer la esencia del triángulo no es
necesario conocer la del círculo
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. En estas ideas su-
cede lo contrarío: para saber que sé es necesario que
sepa anteriormente. Síguese de ahí, evidentemente,
que la certidumbre no es más que la esencia objetiva
misma; es decir, que la manera como percibimos la
esencia objetiva es la certeza misma. Por ello es
también evidente que para poseer la certidumbre de
la verdad no se requiere nada fuera de la posesión de
la idea verdadera, pues ya hemos mostrado que para
saber no necesito saber que sé. De aquí resulta tam-
bién manifiesto que sólo puede saber qué es la su-
prema certidumbre el que posea la idea adecuada o
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Se advertirá que no indagamos aquí por qué es innata la
primera esencia objetiva, pues este problema corresponde al
estudio de la naturaleza, donde es más ampliamente explica-
do y donde se demuestra al mismo tiempo que fuera de la
idea no existe afirmación, ni negación, ni voluntad alguna.