TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
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no puedo forjar ficción alguna respecto a mi exis-
tencia o no existencia, como tampoco puedo repre-
sentarme un elefante que pase por el ojo de una
aguja. Cuando conozco
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la naturaleza de Dios tam-
poco me la represento ficticiamente como existente
o no existente. Preciso es reconocer que lo mismo
acaece con la Quimera, cuya naturaleza se opone a la
existencia. Resulta, pues, evidente que la ficción de
que hablamos no puede darse respecto de las verda-
des eternas
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. Antes de proseguir es preciso advertir
de paso que la diferencia existente entre la esencia de
una cosa y la de otra, existe también entre la actuali-
dad o la existencia de la primera y la actualidad o la
existencia de la segunda. Si quisiéramos, pues, con-
cebir la existencia de Adán, por ejemplo, por medio
de la existencia en general, ocurriría como si para
concebir la esencia de Adán dirigiéramos nuestro
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Se observará que si muchos declaran dudar de la existencia
de Dios, es porque sólo poseen de él el nombre o bien por-
que forjan una ficción que llaman Dios; y esto no concuerda
con la naturaleza de Dios, como lo mostráremos en su lugar.
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Mostraré en seguida que ninguna ficción puede tener rela-
ción con las verdades eternas. Por verdades eternas entiendo
una proposición que, si es afirmativa, jamás pueda ser negati-
va. Así, Dios existe es una verdad primera y eterna, y Adán
piensa no es una verdad eterna. La Quimera no existe es una
verdad eterna, pero no lo es Adán no piensa.