TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
53
esta idea mientras no vemos imposibilidad ni nece-
sidad alguna. Cuando digo que la tierra no es redon-
da, etc., no hago más que evocar en mi recuerdo el
error que quizás cometí, o en el que puedo caer, y
luego imagino o admito la idea de que aquel a quien
hablo está aún en el error o puede caer en él. Ya he
dicho que forjo esta idea mientras no veo imposibi-
lidad ni necesidad; si, al contrario, mi entendimiento
hubiese percibido una u otra, no habría podido ima-
ginarlo, y sólo diría que había intentado algo.
(36) Falta ocuparnos de los supuestos que se ha-
cen en las discusiones, supuestos que a veces se rela-
cionan hasta con las imposibilidades. Por ejemplo,
cuando decimos: supongamos que esta vela que arde
no arde, o supongamos que arde en un espacio ima-
ginario, es decir, donde no existen cuerpos de nin-
guna especie. Se hacen a veces suposiciones
parecidas, aunque se vea claramente que la última es
imposible; pero entonces en realidad nada se imagi-
na. En el primer ejemplo, en efecto, no he hecho
más que traer a mi memoria
39
otro ejemplo de vela
39
Más adelante, cuando hablemos de la ficción relativa a las
esencias, se verá claramente que jamás una ficción crea ni da
al espíritu nada nuevo; que sólo son evocados los recuerdos
que están en el cerebro o en la imaginación y que el espíritu
está atento a todos a la vez confusamente. Se recuerda, por