SPINOZA
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que no arde (o concebir la misma vela sin llama) y lo
que pienso de la una lo atribuyo también a la otra,
mientras no me refiero a la llama. En el segundo
ejemplo no se hace más que abstraer los pensa-
mientos de los cuerpos circundantes, de modo que
el espíritu se dirige únicamente a la contemplación
de la vela, considerada en sí y por sí, y se concluye
que ella no tiene en sí causa alguna de destrucción.
De modo que si no hubiese cuerpos circundantes,
esta vela y esta llama permanecerían inmutables, u
otras cosas semejantes. ¡No hay en esto ficción, si-
no
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aserciones puras y simples.
(37) Pasemos ahora a las ficciones relacionadas
con las solas esencias o unidas a alguna actualidad o
existencia. A este respecto hay que considerar sobre
ejemplo, el lenguaje y un árbol, y el espíritu, uniéndose a esos
recuerdos indistintamente, admite un árbol que habla. Esto
mismo se refiere a la existencia, sobre todo, como hemos
dicho, cuando es concebida bajo la forma general del ser,
porque entonces se aplica fácilmente a todos los recuerdos
que pueden presentarse al espíritu. Es muy importante seña-
lar esto.
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Lo mismo debe entenderse de las hipótesis que se forjan
para explicar algunos movimientos relacionados con fenó-
menos celestes o para extraer una conclusión sobre la natu-
raleza del cielo, que no obstante puede ser muy distinta,
puesto que para explicar esos movimientos pueden concebir-
se muchas otras causas.