SPINOZA
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que se aplica a una cosa imaginada y falsa por su
naturaleza para examinarla y conocerla, y que deduce
de ella, en el orden justo, lo que de ella debe dedu-
cirse, fácilmente evidencia su falsedad. Si la cosa
imaginada es verdadera por su naturaleza, cuando el
espíritu se aplica atentamente a ella para conocerla, y
para deducir, en el orden justo, lo que de ella se si-
gue, proseguirá con éxito y sin interrupción; como,
en el caso de la idea imaginada falsamente, ya men-
cionada, hemos visto que el entendimiento muestra
en seguida su absurdo y las consecuencias absurdas
que de ella se deducen.
(39) De ningún modo debemos temer forjar una
ficción, con tal que la percibamos clara y distinta-
mente: si decimos que los hombres son mudados
súbitamente en bestias, lo decimos de una manera
general, de modo que no existe en el espíritu ningún
concepto de ello, ninguna idea, es decir, ninguna
relación entre el sujeto y el predicado. Si esta rela-
ción existiera, veríamos cómo y por qué se produce
esa metamorfosis. Tampoco prestamos atención a la
naturaleza del sujeto y del predicado. Además, con
tal que una primera idea no fuera imaginada y que
todas las otras se dedujeran de ella, el afán de imagi-
nar desaparecería poco a poco. Y como una idea