TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
59
imaginada no puede ser clara y distinta, sino sólo
confusa, y toda confusión proviene de que el espíritu
conoce un todo —o una cosa compuesta de muchas
otras— sólo en parte, no distingue lo conocido de lo
desconocido; proviene, además, de que atiende a la
vez a numerosos elementos contenidos en cada ob-
jeto sin distinguirlos en absoluto; de ahí resulta: Pri-
mo, que si una idea se refiere a una cosa muy simple,
no podrá ser sino clara y distinta. Esta cosa, en
efecto, no podrá ser conocida en parte, sino que lo
será enteramente o no lo será. Secundo, que si una
cosa compuesta de muchas partes es dividida men-
talmente en todas sus partes más simples y se atien-
de a cada una de ellas tomada aparte, la confusión
desaparecerá. Tertio, que una ficción no puede ser
simple; nace de la combinación de diversas ideas
confusas que corresponden a cosas y a acciones di-
versas existentes en la Naturaleza; más aún, proviene
de que atendemos al mismo tiempo, sin darles
43
43
Se observará que una ficción, considerada en sí misma, no
difiere mucho de un sueño, salvo en que en el sueño faltan
las cosas que, por medio de los sentidos, se ofrecen al hom-
bre despierto; de donde resulta, para él, la apariencia de que
las imágenes no provienen en ese momento de cosas exis-
tentes fuera de él. El error, como se verá pronto, consiste en
soñar despierto; cuando es muy manifiesto, se le llama delirio.