SPINOZA
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nuestro asentimiento, a esas diversas ideas; si la fic-
ción fuera simple, en efecto, sería clara y distinta y
por consiguiente verdadera. Si naciera de, una com-
binación de ideas distintas, esta combinación misma
sería clara y distinta y por consiguiente verdadera.
Cuando, por ejemplo, conocemos la naturaleza del
círculo y también la del cuadrado, es imposible
combinarlos y forjar un circulo cuadrado, un alma
cuadrada u otras combinaciones semejantes. Con-
cluyamos brevemente una vez más: de ninguna ma-
nera debe temerse que una ficción sea confundida
con ideas verdaderas. Por lo que concierne, ante to-
do, a la primera especie de ficción de que hemos
hablado, en que una cosa es concebida claramente,
vemos que si ella, que es concebida claramente, es
en sí una verdad eterna, y que su existencia en sí lo
es igualmente, no podemos forjar ninguna ficción a
su respecto; por el contrario, si la existencia de la
cosa concebida no es una verdad eterna, basta cui-
darse de confrontar la existencia de la cosa con su
esencia y reparar al mismo tiempo en el orden de la
Naturaleza. En cuanto a la segunda especie de fic-
ción, hemos dicho ya que consistía en una atención
que, no era seguida de asentimiento, dirigida a la vez
a varias ideas confusas relacionadas con cosas y ac-