TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
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compuestas de ideas más simples, es decir, deduci-
das de las ideas más simples. Que una idea absolu-
tamente simple no puede ser falsa, es lo que
cualquiera podrá ver con tal que sepa qué es lo ver-
dadero, o qué es el entendimiento, y al mismo tiem-
po qué es lo falso.
(41) En efecto, respecto de lo que constituye la
forma de lo verdadero, es cierto que un pensamiento
verdadero no sólo se distingue de uno falso por ca-
racteres extrínsecos, sino principalmente por carac-
teres intrínsecos. Si un obrero, por ejemplo, ha
concebido una obra bien ordenada, aunque esta obra
no haya existido jamás ni deba jamás existir, el pen-
samiento no deja de ser verdadero e invariable,
exista o no esa obra. Al contrario, si alguien dice que
Pedro, por ejemplo, existe sin saber que Pedro exis-
te, este pensamiento es falso en lo concerniente a
quien lo formula, o, si se prefiere, no es verdadero,
aunque Pedro exista realmente. Y esta enunciación:
Pedro existe, no es verdadera sino en lo que con-
cierne a quien sabe con certeza que Pedro existe.
Por consiguiente, hay en las ideas alguna cosa real
por la cual las verdaderas se distinguen de las falsas.
A este punto debemos dirigir ahora nuestra inquisi-
ción a fin de poseer la mejor norma de verdad (he-