SPINOZA
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puede conducirnos a la duda y al mismo tiempo có-
mo la evitamos. Hablo de la duda verdadera del es-
píritu, y no de esa duda frecuente, como cuando se
dice que se duda, aunque el espíritu no lo hace, cosa
que no corresponde al Método corregir, sino que
entra más bien en el estudio de la obstinación y de
su tratamiento. Decimos, pues, que no existe en el
alma duda debida a la cosa misma de que se duda, es
decir, si sólo existiera en el alma una sola idea, ver-
dadera o falsa, no habría lugar para la duda ni para la
certidumbre; sólo existiría una sensación de esta o
aquella especie. Pues la idea en sí no es más que una
sensación de una u otra especie; pero la duda se
forma por medio de otra idea, que no es tan clara y
distinta como para deducir de ella algo cierto res-
pecto de la cosa de que se duda, es decir, que la idea
que nos inclina a la duda no es clara y distinta. Por
ejemplo, alguien que no ha pensado nunca en las
ilusiones de los sentidos, inducido por la experiencia
o por cualquier otro motivo, ni siquiera ha dudado
de si el sol es mayor o menor de lo que parece. Por
eso los rústicos se sorprenden cuando oyen decir
que el sol es mucho mayor que el globo terrestre:
pero
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la duda nace de la meditación sobre, la fusión
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Es decir, sabe a menudo que el sentido lo ha engañado;