TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
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de los sentidos, y si tras haber dudado, se llega al
conocimiento verdadero de los sentidos y del modo
como, por sus orígenes, las cosas son representadas
a la distancia, entonces la duda quedará nuevamente
suprimida. Por consiguiente, no podemos poner en
duda ideas verdaderas so pretexto de que acaso
existe un Dios engañoso que quizá nos engaña en las
cosa más ciertas, sino cuando aún no poseemos de
Dios
*
ninguna idea clara y distinta; es decir, cuando,
por la consideración atenta del conocimiento que
poseemos del origen de todas las cosas, no encon-
tramos nada que nos asegure que no existe seme-
jante engañador con la misma certeza con que,
reflexionando sobre la naturaleza del triángulo, ha-
llamos que sus tres ángulos son iguales a dos rectos;
pero si tenemos de Dios un conocimiento como el
del triángulo, entonces toda duda desaparece. Y así
como podemos llegar a este conocimiento claro del
triángulo, aunque no sepamos con exactitud si algún
pero lo sabe confusamente, pues no sabe cómo engañan los
sentidos. Esta nota corresponde en la edición holandesa a un texto que
dice así: pero la duda se origina pensando en la ilusión de los sentidos, es
decir, que el sentido sabe a menudo, etc.— N. De Appuhn.
*
Agrego al texto latino la palabra Dei, de Dios, corrección
que ha sido hecha por la traducción holandesa de 1677, y es
además necesaria al sentido.—Nota de Appuhn.