SPINOZA
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soberano engañador nos extravía, así podemos llegar
a igual conocimiento de Dios, aunque no sepamos
con exactitud si no existe algún soberano engañador;
y, apenas poseemos ese conocimiento, ello basta,
como he dicho, para alejar cualquier duda que po-
damos tener respecto de las ideas claras y distintas.
Más aún, si se procede rectamente, aplicándose ante
todo a la investigación de lo que debe buscarse pri-
mero, siguiendo sin interrupción el encadenamiento
de las cosas, y si se sabe cómo deben determinarse
los problemas antes de intentar resolverlos, siempre
se tendrán las ideas más ciertas, es decir, claras y
distintas; la duda no es más que la indecisión del es-
píritu respecto de una afirmación o de una negación
que éste pronunciaría si no estuviera ante algún ob-
jeto cuyo desconocimiento hace imperfecto nuestro
conocimiento acerca de esa cosa. Por consiguiente,
la duda nace siempre del estudio sin orden de las
cosas.
(44) Tales son las cuestiones que he prometido
tratar en esta primera parte del método. No obstan-
te, para no omitir nada de lo que puede conducir al
conocimiento del entendimiento y de sus fuerzas,
trataré aún brevemente de la memoria y del olvido.
Tendré que considerar principalmente que la memo-