SPINOZA
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ración
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determinada de esta sensación, como lo
muestra la reminiscencia. En la reminiscencia, en
efecto, el alma tiene el pensamiento de esta sensa-
ción, pero no en la continuidad de su duración. Así,
la idea de la sensación no es la duración misma de la
sensación, es decir, ella no es propiamente su me-
moria. En cuanto a saber si las ideas mismas están
sujetas a alguna corrupción, lo veremos en la Filoso-
fía. Y si alguien hallara esto muy absurdo, bastaría
para nuestro propósito considerar que cuanto más
singular es una cosa, más fácilmente se la retiene,
como aparece en el ejemplo mencionado. Además,
cuanto más conocible es una cosa, más fácilmente se
la retiene. De donde resulta que no podremos dejar
de retener una cosa singularísima, por poco que sea
conocible.
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Si la duración no está determinada, el recuerdo conservado
de la cosa misma es imperfecto, como todos parecen haberlo
aprendido naturalmente. Sucede a menudo que para aumen-
tar la credibilidad de un testimonio exigimos dónde y cuándo
sucedió el hecho referido. Aunque las ideas posean también
su duración en el espíritu, como acostumbramos determinar
la duración por la medida de un movimiento, operación que
se efectúa también mediante la imaginación, no hemos ob-
servado hasta ahora ninguna memoria perteneciente al espí-
ritu puro.