TRATADO DE LA REFORMA DEL ENTENDIMIENTO
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(45) Hemos hecho una distinción entre la idea
verdadera y las demás percepciones, y hemos mos-
trado que las ideas imaginadas, falsas, etc., tienen su
origen en la imaginación, o sea, en ciertas sensacio-
nes fortuitas, y, por así decir, sin nexo, que no pro-
vienen del poder del espíritu, sino de causas
exteriores, según que el cuerpo, ya dormido, ya des-
pierto, reciba estos o aquellos movimientos. Aquí
puede entenderse por imaginación lo que se quiera,
con tal que ello sea cosa distinta del entendimiento y
por la cual el alma pueda adquirir la condición de
paciente. Pues lo que se entienda es indiferente, con
tal que sepamos que la imaginación es alguna cosa
indeterminada por la cual el alma padece y sepamos
también cómo nos libramos de ella por medio del
entendimiento. Nadie se sorprenderá, pues, de que
aquí no pruebe aún la existencia del cuerpo y de
otras cosas que es necesario conocer, y de que hable
sin embargo de la imaginación, del cuerpo y de su
constitución. En efecto, como ya lo he dicho, lo que
entiendo por eso es indiferente, con tal que sepa que
es una cosa indeterminada, etc.
(46) Hemos mostrado sin embargo que la idea
verdadera es simple, o compuesta de ideas simples,
como la idea que revela cómo y por qué una cosa