SPINOZA
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existe o ha existido; hemos mostrado también que
de ello fluyen en el alma efectivos objetivos propor-
cionados a la esencia formal de su objeto; lo que
equivale a lo que han dicho los antiguos: que la ver-
dadera ciencia procede de la causa a los efectos; con
la excepción, sin embargo, de que jamás, que yo se-
pa, se ha concebido, como nosotros aquí, que el al-
ma obre según leyes determinadas y casi como un
autómata espiritual. Con ello hemos adquirido, hasta
donde era posible al comienzo, el conocimiento de
nuestro entendimiento y una norma tal de la idea
verdadera que ya no debemos temer confundir la
verdad con el error y la ficción. Ahora veremos sin
asombro que podemos conocer ciertas cosas que de
ningún modo caen bajo la imaginación, que las hay
en la imaginación que contradicen el entendimiento
y que las hay también que concuerdan con él. Sabe-
mos, en efecto, que los procesos de donde nacen las
imágenes se producen según otras leyes, entera-
mente diferentes de las leyes del entendimiento, y
que el alma, en lo que concierne a la imaginación,
está sólo en la condición pasiva. Por lo cual se ve
también con qué facilidad pueden caer en grandes
errores quienes no han distinguido muy exactamente
la imaginación del entendimiento. En esta clase en-